¡Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ!
El Reino de Cristo se fundamenta en tres títulos principales y en una interpretación profunda de las Escrituras frente a Pilatos:
Los tres títulos de su realeza:
Por nacimiento: Por ser el Hijo verdadero de Dios Omnipotente y Creador de todas las cosas.
Por mérito: Por ser el hombre más excelente que ha existido.
Por conquista: Por haber salvado a la humanidad de la esclavitud del pecado y del infierno mediante su doctrina y su sangre.
Una consideración sobre el Reino de Cristo
San Juan 18, 33-40
Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: "¿Eres tú el Rey de los judíos?"
Respondió Jesús: "¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?"
Pilato respondió: "¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?"
Respondió Jesús: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí."
Entonces Pilato le dijo: "¿Luego tú eres Rey?" Respondió Jesús: "Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz."
Le dice Pilato: "¿Qué es la verdad?" Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: "Yo no encuentro ningún delito en él.
Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?"
Ellos volvieron a gritar diciendo: "¡A ése, no; a Barrabás!" Barrabás era un salteador.
Cuando Juan Bautista empieza a predicar en las riberas del Jordán: «Haced penitencia, que está cerca el Reino de Dios», todo ese pequeño pueblo comprendido entre el Mediterráneo, el Líbano, el Tiberíades y el Sinaí resonaba con las palabras de Gran Rey, Hijo de David, Reino de Dios. Las setenta semanas de años que Daniel había predicho entre el cautiverio de Babilonia y la llegada del Salvador del Mundo, se estaban acabando; y los profetas habían precisado de antemano, en una serie de recitados enigmáticos, una gran cantidad de rasgos de su vida y su persona, desde su nacimiento en Belén hasta su ignominiosa muerte en Jerusalén. Entonces aparece en medio de ellos ese joven doctor impetuoso, que cura enfermos y resucita muertos, a quien el Bautista reconoce y los fariseos desconocen, el cual se pone a explicar metódicamente en qué consiste el Reino de Dios, a desengañar ilusos, a reprender poderosos, a juntar discípulos, a instituir entre ellos una autoridad, a formar una pequeña e insignificante sociedad, más pequeña que un grano de mostaza, y a prometer a esa Sociedad, por medio de hermosísimas parábolas y de profecías deslumbradoras: durará por todos los siglos, se difundirá por todas las naciones, abarcará todas las razas; el que entre en ella, estará salvado...
La respuesta a esta duda sobre su Reinado está en la respuesta de Cristo a Pilatos, cuando le preguntó dos veces si realmente se tenía por Rey. Mi Reino no procede de este mundo. No es como los reinos temporales, que se ganan y sustentan con la mentira y la violencia; y en todo caso, aun cuando sean legítimos y rectos, tienen fines temporales y están mechados y limitados por la inevitable imperfección humana. Rey de verdad, de paz y de amor, mi Reino procedente de la Gracia reina invisiblemente en los corazones, y eso tiene más duración que los imperios. Mi Reino no surge de aquí abajo, sino que baja de allí arriba; pero eso no quiere decir que sea una mera alegoría, o un reino invisible de espíritus. Digo que no es de aquí, pero no digo que no está aquí. Digo que no es carnal, pero no digo que no es real. Digo que es reino de almas, pero no quiero decir reino de fantasmas, sino reino de hombres. No es indiferente aceptarlo o no, y es supremamente peligroso rebelarse contra él. Porque el mundo se rebeló contra él en estos últimos tiempos, y el mundo todo se halla hoy día en un desorden que parece no tener compostura, y que sin Mí no tiene compostura…
«Después les dijo: "Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó"» (San Juan 8, 28)
La corona de Cristo es más fuerte, es una corona de espinas. La púrpura real de Cristo no se destiñe, está bañada en sangre viva. Y la caña que le pusieron por burla en las manos, se convierte de tiempo en tiempo, cuando el mundo cree que puede volver a burlarse de Cristo, en un barrote de hierro. Et reges eos in virga férrea (Los regirás con vara de hierro).
Pero a ese Reino
llegaremos necesariamente
por el Reino de María
Porque es posible cuando la verdad del Evangelio reine por libre y espontanea adhesión en las mentes, cuando la virtud y la gracia reinen con su amor en los corazones, entonces cuando el ser humano quiera proclamar el Reino por que sin buscar nada más ni pedir nada solo se regocija en el Reino de María que es el Reino de Cristo.
Mensaje, 25 de diciembre de 2013
“Queridos hijos! Les traigo al Rey de la Paz, para que El les dé su paz. Ustedes, hijitos, oren, oren, oren. El fruto de la oración se podrá ver en los rostros de las personas que se han decidido por Dios y su Reino. Yo, con mi Hijo Jesús, los bendigo a todos con la bendición de la paz. Gracias por haber respondido a mi llamado.”
La llamada Era de María será una época de transmisión de dádivas celestiales inéditas: «Espero que Nuestra Señora nos dé dones inimaginables, súper aumentados, mucho más bellos y mucho más admirables que los ya conocidos, que ni sepamos qué decir». Ahora bien, para verificarse tal comunicación de gracias y designios, la humanidad debe seguir el mismo camino andado por María Santísima: el de la Sagrada Esclavitud. el de la Sierva del Señor, el de la humildad.
En el Reino de la Virgen los hombres participarán en un grado altísimo del amor que une al divino Espíritu Santo con Nuestra Señora. Según la expresión de San Luis Grignion de Montfort, «las almas respirarán a María», es decir, se sentirán blanco de su inconmensurable y gratuito amor y, en consecuencia, la amarán con confianza, arrebatamiento y cariño. De ese afecto inefable nacerá un discernimiento de los espíritus mutuo, mediante el cual contemplarán unas en las otras el aspecto específico de la Madre de Dios que están llamadas a reflejar.
Sin embargo, eso sólo se realizará a través de un vínculo espiritual estrechísimo con la Soberana del universo, todo hecho de admiración, veneración y ternura, así como de disposición radical para el servicio, la obediencia y el holocausto. De ese modo toda la sociedad será elevada a un nuevo nivel de vida sobrenatural, cumpliendo en plenitud las palabras de San Pablo: «Si alguno está en Cristo es una criatura nueva» (2 Cor 5, 17). En el conjunto de la opinión pública refulgirá la imagen y semejanza de Jesús por la mediación universal de María.
Reino de la clemencia, de la piedad y de la dulzura
Será el reinado de la clemencia, de la piedad y de la dulzura de Nuestra Señora, la era histórica en la cual su espíritu estará presente animando los corazones y su amor cubrirá, como niebla alba y discreta, toda la tierra. Así como en los días actuales se inhala en cualquier parte el hálito pestilente e inmundo de la Revolución, caracterizado por la rebelión, el igualitarismo y la sensualidad desenfrenada, durante el Reino de María se respirará el suave perfume de la presencia y de las virtudes de la Reina celestial, sea en las almas y en los ambientes, sea en las costumbres e incluso en las civilizaciones.
Tal auge de vitalidad sobrenatural hará de la Iglesia y de la sociedad una imagen del cuerpo glorioso de Cristo. Sustancialmente será siempre el mismo y único Cuerpo Místico, pero estará adornado de cualidades nuevas, las cuales le conferirán una luz intensísima.
El consejo y la palabra de Montfort sobre este punto es claro y límpido. Totalmente en concordancia con el punto de vista inicial que él adopta en dos de sus obras marianas, a lo que había escrito sobre el «para María» en «El Secreto de María», y que retoma en su «Tratado de la Verdadera Devoción», añade en este último el aspecto del apostolado, el pensamiento del reino de la Santísima Virgen. En el fondo no hay tanta diferencia entre los dos aspectos, puesto que el reino de Cristo, en definitiva, se logra por la santificación de las almas. Pero el punto de vista del reino de Cristo, directamente mencionado, y que se debe alcanzar por el reino de su divina Madre, es en sí mismo más hermoso, más elevado, más rico, más desinteresado.
Hay una convicción que, en estos últimos años, se difundió rápidamente por el mundo y se arraigó profundamente en las almas: y es que vivimos «la hora de María», «la era de María», «el siglo de María».
En la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus: «Para Nos es un gran consuelo ver… la piedad a la Virgen María, Madre de Dios, en pleno florecimiento y crecer cada día más, y ofrecer casi en todas partes presagios de una vida mejor y más santa»:
La Consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, la definición dogmática de la gloriosa Asunción de Nuestra Señora, los estudios casi obstinados de los Mariólogos para elucidar cada vez más «el misterio de María», el movimiento de vida mariana intensa inspirado sobre todo en la doctrina de San Luis María de Montfort, recientemente canonizado, la «Gran Vuelta», el viaje triunfal de Nuestra Señora de Fátima a través del mundo, la Peregrinatio Mariæ que se organiza en todas partes con gran entusiasmo y con resultados humanamente inexplicables, el Año Mariano que acabamos de vivir para celebrar el centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, el establecimiento en el mundo entero de la fiesta de la Realeza universal de María, los acontecimientos de Siracusa: estas son algunas de las manifestaciones de este reino de María, que Montfort anunciaba hace más de doscientos años.
Todo esto pone a la orden del día, como una actualidad candente, la tesis del gran Apóstol de María sobre el reino de Cristo por el reino de su santa Madre.
La autoridad de Montfort como santo y como teólogo debería bastar, sin duda, para hacernos aceptar razonablemente sus doctrinas. ¡Dígnese la Madre de la Sabiduría y la Distribuidora de todas las gracias concedernos sus luces abundantes para este estudio!
La tesis de San Luis María de Montfort, medio dogmática y medio profética, se subdivide en varias proposiciones, que vamos a formular y exponer sucesivamente.
Primera Proposición
El reino de Cristo vendrá.
En «El Secreto de María» se lee también: «¿No se podrá decir también que por María ha de venir Dios una segunda vez, como toda la Iglesia lo espera, para reinar en todas partes…?». Y un poco más lejos: «Se debe creer que hacia el fin de los tiempos… Dios suscitará grandes hombres para destruir el pecado [en el mundo] y establecer en él el reino de Jesucristo, su Hijo, sobre el del reino corrompido».
Lo que será este reino de Cristo, Montfort lo deja suponer más que describirlo. Son alusiones a cosas que él considera como conocidas. En todo caso, se trata de una aceptación extraordinaria de la realeza de Cristo en el mundo, pues no deja de hablar de que entonces deben realizarse «maravillas de gracia»: «Para entonces acaecerán cosas maravillosas en estos bajos lugares… He aquí grandes hombres que vendrán, pero que María hará por orden del Altísimo, para extender su imperio…
Segunda Proposición
El reino de Cristo sólo vendrá por el reino de María.
Según Montfort, es una ley que Dios mismo se ha impuesto: «Por la Santísima Virgen Jesucristo ha venido al mundo, y también por Ella debe reinar en él»: estas palabras resuenan como un oráculo impresionante que sube desde los abismos de la eternidad.
Montfort: «Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del reino de la Santísima Virgen, que lo dio a luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda».
Esta tesis es múltiple y se subdivide en varias proposiciones.
1º El reino de Cristo vendrá, vendrá ciertamente, como hemos visto, pero vendrá de hecho como una consecuencia del reino de su divina Madre.
2º Este reino de Jesucristo es una consecuencia infalible y necesaria del reino de María. Si la dominación de la Santísima Virgen se establece, se realizará también la dominación de su Hijo.
3º Este reino de Cristo vendrá solamente como consecuencia del reino mariano. Si el reino de María no se realiza, Jesucristo tampoco triunfará. Nuestro santo autor afirma esta exclusión de manera aún más explícita: «La divina María ha sido desconocida hasta aquí, y esta es una de las razones por las que Jesucristo no es conocido como debe serlo».
En el pensamiento de San Luis María el reino de Nuestra Señora es, por lo tanto, una de las condiciones indispensables para el reino de Nuestro Señor, y un medio infalible para asegurarlo. Cuando se conceda a la Mediadora de las gracias todo lo que le corresponde, a causa de la adaptación íntegra de nuestra parte al plan de Dios sobre este punto, se concederán más abundantemente a la humanidad gracias de toda clase, y así se elevará rápidamente el glorioso edificio del reino de Dios.
Tercera Proposición
Este reino de María vendrá.
San Luis María de Montfort con total seguridad anuncia este reino: vendrá sin dudarlo, y «más pronto de lo que uno piensa».
«María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo… Pero, en el segundo advenimiento de Jesucristo, María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo».
«Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos».
«Dios quiere que su santa Madre sea al presente más conocida, más amada, más honrada que nunca».
«Más que nunca me siento animado a creer y a esperar todo lo que tengo profundamente grabado en el corazón, y que pido a Dios desde hace muchos años, a saber: que tarde o temprano la Santísima Virgen tendrá más hijos, servidores y esclavos de amor que nunca, y que por este medio Jesucristo, mi querido Dueño, reinará en los corazones más que nunca».
Cuarta Proposición
Este reino de María se establecerá por la práctica de la Devoción mariana perfecta.
Hay que reconocer que la vida mariana, tal como la propone San Luis María de Montfort, es la fórmula más pura, rica, elevada y comprehensiva de la vida mariana. Por eso, difícilmente se podría hablar de siglo de María, de reino de María, mientras esta forma más excelente del culto mariano no sea conocida y practicada más que por un pequeño número de cristianos.
Se consagrarán enteramente a su servicio como sus súbditos y esclavos de amor…, y se entregarán a Ella con cuerpo y alma, sin reparto, para ser igualmente de Jesucristo».
«Este tiempo vendrá sólo cuando se conozca y se practique la devoción que enseño».
Quinta Proposición
Este reino de María será en gran parte realizado por «los apóstoles de los últimos tiempos», los cuales, por la perfecta Devoción a la Santísima Virgen, realizarán su misión grandiosa.
1º Montfort sitúa en los últimos tiempos la difusión de su perfecta Devoción mariana, y por lo tanto del reino de María. «Todos los ricos del pueblo [los mayores santos] suplicarán vuestro rostro de siglo en siglo, y particularmente al fin del mundo… He dicho que esto sucederá particularmente al fin del mundo, y pronto, porque el Altísimo con su santa Madre deben formarse grandes santos que sobrepujarán tanto en santidad a la mayoría de los otros santos, cuanto los cedros del Líbano sobrepujan a los pequeños arbustos».
«Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos».
«María debe resplandecer, más que nunca, en misericordia, en fuerza y en gracia en estos últimos tiempos: en misericordia, para volver a traer y recibir amorosamente a los pobres pecadores y descarriados que se convertirán y volverán a la Iglesia Católica…».
2º Montfort hace suya la convicción que la Iglesia tiene desde hace siglos, a saber, que en estos tiempos se levantarán santos extraordinarios, apóstoles irresistibles, que conducirán y ganarán la gran batalla por Cristo.
• María será la que suscitará y formará a estos grandes hombres por orden del Altísimo; Ella los iluminará, los sostendrá, los alentará y los fortalecerá por la abundancia de las gracias divinas que Ella les comunicará.
• Por su parte, estas almas serán «singularmente devotas de la Santísima Virgen», serán los «servidores, esclavos e hijos de María». Su grandísima Devoción mariana es descrita hasta en sus detalles: «Ellos verán… y experimentarán sus dulzuras y sus bondades maternales, y la amarán tiernamente como hijos suyos bienamados; conocerán las misericordias de que está llena, y la necesidad en que están de su auxilio, y recurrirán a Ella en todas las cosas como a su querida Abogada y Mediadora ante Jesucristo; sabrán que Ella es el medio más seguro, más fácil, más corto y más perfecto para ir a Jesucristo, y se entregarán a Ella con cuerpo y alma, sin reparto, para ser igualmente de Jesucristo».
• Serán también los apóstoles de Nuestra Señora y difundirán con ardor su perfecta Devoción: «Con una mano [estas almas] combatirán…; y con la otra mano edificarán el templo del verdadero Salomón y la mística Ciudad de Dios, es decir, la Santísima Virgen María… Llevarán a todo el mundo, por sus palabras y por sus ejemplos, a su verdadera devoción, lo que les atraerá muchos enemigos, pero también muchas victorias y gloria para Dios solo».
• Todo esto ya es admirable. Pero más admirable es su afirmación de que por medio de la perfecta Devoción a María realizarán estos grandes hombres todas estas maravillas de gracia.
En otro lugar Montfort afirma que «con la humildad de su talón, en unión con María, aplastarán la cabeza del diablo y harán triunfar a Jesucristo». En la «Oración Abrasada» Montfort afirma igualmente que los santos misioneros que él pide, «por medio de una verdadera devoción a María, aplastarán en dondequiera que vayan, la cabeza de la antigua Serpiente».
Está claro que Montfort considera a estos grandes apóstoles como el «talón de la Mujer», por el que Ella vencerá y aplastará a Satán, para hacer triunfar a Cristo.
Y el pensamiento total de Montfort se encuentra en un texto sintético de «El Secreto de María» para el que pedimos toda la atención del lector: «Como por María vino Dios al mundo la primera vez en la humillación y en el anonadamiento, ¿no se podrá decir también que por María vendrá Dios una segunda vez, como lo espera toda la Iglesia, para reinar en todas partes y para juzgar a los vivos y a los muertos? ¿Quién puede saber cómo y cuándo sucederá esto? Pero sé bien que Dios, cuyos pensamientos son más encumbrados que los nuestros tanto como los cielos lo son sobre la tierra, vendrá en el tiempo y del modo más inesperado de los hombres, incluso los más sabios y versados en la Escritura Sagrada, que es muy oscura sobre este punto. Se debe creer también que hacia el fin de los tiempos, y tal vez más pronto de lo que se piensa, Dios suscitará grandes hombres, llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María, por los que esta divina Soberana hará grandes maravillas en el mundo, para destruir el pecado en él y establecer el reino de Jesucristo, su Hijo, sobre el del mundo corrompido; y estos santos personajes lo lograrán por medio de esta devoción a la Santísima Virgen, que no hago más que esbozar y disminuir por mis debilidades».
Mensaje, 25 de junio de 2022
“¡Queridos hijos Me regocijo con ustedes y les agradezco por cada sacrificio y oración que han ofrecido por mis intenciones. Hijitos, no olviden que son importantes en mi plan de salvación de la humanidad. Regresen a Dios y a la oración para que el Espíritu Santo obre en ustedes y a través de ustedes. Hijitos, yo estoy con ustedes en estos días en que Satanás lucha por fomentar la guerra y el odio. La división es fuerte y el mal actúa en el hombre como nunca antes. Gracias por haber respondido a mi llamado”. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”
Me regocijo con ustedes y les agradezco por cada sacrificio y oración que han ofrecido por mis intenciones.
(Hijitos, yo estoy con ustedes en estos días en que Satanás lucha por fomentar la guerra y el odio…)
El triunfo de la cruz iluminó a todos los que padecían la ceguera del pecado, nos liberó a todos de las ataduras del pecado, redimió a todos los hombres.
Por consiguiente, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella. Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los griegos, mas para nosotros es salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, mas para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios. Porque el que moría por nosotros no era un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. En otro tiempo, aquel cordero sacrificado por orden de Moisés alejaba al exterminador; con mucha más razón el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo nos librará del pecado. Si la sangre de una oveja irracional fue signo de salvación, ¿cuánto más salvadora no será la sangre del Unigénito?
Por lo tanto, que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz; también en tiempo de persecución has de tener la misma confianza, de lo contrario, serías amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo suyo en tiempo de guerra. Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias que te otorga la munificencia de tu rey; cuando sobrevenga la lucha, pelea denodadamente por tu rey.
Hijitos, no olviden que son importantes en mi plan de salvación de la humanidad.
Siga la profecía de Monfort, la tarea de la Reina del cielo y de la tierra es colaborar con las tres Personas divinas, forjando apóstoles y santos sublimes a las órdenes del Cielo.
La Madre de Dios con Cristo lucha contra la soberbia de satanás y con el Espíritu Santo engendra a los hijos de Dios y forma a los santos de los últimos tiempos.
Será en los últimos tiempos cuando se producirá la plena revelación de María, porque entonces se conocerá como nunca su acción misericordiosa en la lucha contra los enemigos de Dios y en el sustento de la Iglesia: “María debe resplandecer más que siempre en estos en la misericordia, en la fuerza y en la gracia”.
De hecho, Dios espera a través de ella aplastar la cabeza de la serpiente infernal, que en los últimos tiempos redoblará sus ataques y provocará crueles persecuciones que irán en aumento hasta la del rey del Anticristo.
El demonio llamará a su servicio a los enemigos de Dios y de la Iglesia, quienes, temblando de odio, se reunirán de todos los bandos para el ataque final. Para hacer frente a las huestes de satanás y vencerlas, María formará a sus apóstoles, «los apóstoles de los últimos tiempos»
Monfort se preocupa de resaltar su condición sacerdotal, llamándolos «ministros del Señor… hijos de Leví», «verdaderos apóstoles de los últimos tiempos e «almas elegidas» en las que María reina suprema y, abriendo la mirada al futuro, anuncia «un escuadrón de valientes y valientes soldados de Jesús y de María… tronarán contra el pecado, clamarán contra el mundo, herirán al diablo ya sus Seguidores».
El aspecto constructivo de la acción de los apóstoles de María si se dirigirá sobre todo a la Iglesia, que se reformará y extenderá por el mundo:
«Por su ministerio se renovará la faz de la tierra y se reformará la Iglesia»; “Pondrán el fuego del amor divino por todas partes”; «Dejarán en los lugares donde predican sólo el oro de la caridad».
“Serán el buen perfume de Jesucristo”; “Edificarán el templo del verdadero Salomón y la mística ciudad de Dios”; «Derramarán la lluvia de la Palabra de Dios y de la vida eterna».
“Trabajarán para extender el dominio del Altísimo sobre el de los impíos”; “De hecho, el diluvio de fuego que recibirán los llevarán a convertirse…
«En estos días en que Satanás lucha por fomentar la guerra y el odio. La división es fuerte y el mal actúa en el hombre como nunca antes. Gracias por haber respondido a mi llamado”.
De donde brota el odio sino de la mentira, y la violencia interior que genera negar o inisitir en una verdad aparente o subjetica y olvidar una verdad trascendente.
COMPORTAMIENTOS HABITUALES DE QUIENES HAN ASUMIDO UNA PRAXIS MODERNISTA:
Todo se funda en la experiencia
Reemplaza la autoridad de la Revelación Divina y el Magisterio por la opinión de eruditos.
La Acción desplaza la Contemplación
Reinterpretar los dogmas
No hay verdad absoluta
Ni hay moral trascendente
Inclusivos con su pecado, indiferentes con su Salvación
La religión es útil en las crisis, despreciable desde mis libertades
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San Pío X con la Encíclica «Pascendi»…¡sistematizó el modernismo y determinó el sentido de su condena!.
Esta bestia parecida a un cordero pero con voz de dragón que es el símbolo de la religión false al servicio de la primera bestia.
Esta pseudo-religión que debería reemplazar al Christianismo, está marcada por Nuestra Señora en tres mensajes con el nombre de «Modernismo», conectándola cada vez con Satanás.
La obra de las dos bestias, que configuran las dos caras de la impostura anticrística, ya está en marcha ahora, pero tendrá su máxima expansión en el tiempo de los secretos.
Llama la atención cómo en los tres mensajes relativos al modernismo la Virgen recuerda la presencia de satanás, como creador y propulsor de una ideología que, con el pretexto de actualizar la fe, la disuelve en la mundanalidad.
Las palabras de la Madre de Dios son filos afilados que desenmascaran al eterno impostor: «Satanás no duerme y por medio del modernismo os desvía y os guía por su camino» (Mensaje 25-05-2010).
En efecto, mientras los tres apóstoles, elegidos por el Señor en Getzemane, dormían desprevenidos e inexpertos, no dormía el imperio de las tinieblas, y mucho menos el traidor que había llegado a su último recitado, el beso de la serpiente.
El objetivo que satanás se propone con el modernismo es muy simple: desviar a los creyentes del camino de la salvación, a través de la pérdida de la fe, y ponerlos, como ovejas al matadero, en el camino de la ruina eterna.
Sin embargo, no basta con vigilar a un enemigo astuto, que si presenta piel de oveja, hasta que por dentro es un lóbulo rapaz (cf. Mt 7,15).
Es necesario desenvainar la espada de la verdad y lanzarse a la santa batalla: “Hijos, ahora y luchad contra las tentaciones y contra todos los planos malvados que Satanás os ofrece a través del modernismo. Sé fuerte en la oración y con la cruz en las manos, ora para que el mal no te use y triunfe en ti” (Mensaje 25-03-2015).
La peligrosidad del modernismo y su engañoso encanto no podrían denunciarse más claramente.
Detrás de la carrera hacia el revisionismo de la fe, que ve como protagonistas a una multitud vociferante de trabajadores de la industria del engaño, están “todos los malvados planes de satanás”, ¿cuáles son? ¿Podemos imaginarlos?
Sí, por supuesto: destruir la obra de Dios en la tierra, transformándola en un páramo de odio y tristeza, y arrastrarnos con él a la perdición eterna.
Más impactante aún es el mensaje de la Reina de la Paz, que ve la expansión del plan subversivo del tentador, quien, a cambio de la negación de la fe, ofrece a la humanidad el señorío sobre el mundo entero.
“Satanás es fuerte y quiere que todos ustedes se vuelvan contra Dios, traerlos de vuelta a todo lo que es humano y destruir en los corazones todo sentimiento hacia Dios y las cosas de Dios. Ustedes, hijitos, oren y luchen contra el materialismo, el modernismo y el egoísmo, que el mundo te ofrece” (Mensaje 25 – 01 – 2017).
Regresen a Dios y a la oración para que el Espíritu Santo obre en ustedes y a través de ustedes.
Ya que…
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
San Lucas 2, 41-52
Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta.
y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
Mensaje, 2 de noviembre de 2011
“Queridos hijos, el Padre no os ha dejado a merced vuestra. Su amor es inmenso, amor que me conduce a vosotros para ayudaros a conocerlo, para que todos, por medio de mi Hijo, podáis llamarlo con todo el corazón, “Padre” y para que podáis ser un pueblo en la familia de Dios. Pero, hijos míos, no olvidéis que no estáis en este mundo sólo por vosotros mismos, y que yo no os llamo aquí sólo por vosotros. Aquellos que siguen a mi Hijo, piensan en el hermano en Cristo como en ellos mismos y no conocen el egoísmo. Por eso, yo deseo que vosotros seáis la luz de mi Hijo, que iluminéis el camino a todos aquellos que no han conocido al Padre ―a todos aquellos que deambulan en la tiniebla del pecado, de la desesperación, del dolor y de la soledad―, y que con vuestra vida les mostréis a ellos el amor de Dios. ¡Yo estoy con vosotros! Si abrís vuestros corazones os guiaré. Os invito de nuevo: ¡orad por vuestros pastores! ¡Os lo agradezco!”
«A través de este episodio, Jesús prepara a su madre para el misterio de la Redención. María, al igual que José, vive en esos tres dramáticos días, en que su Hijo se separa de ellos para permanecer en el templo, la anticipación del triduo de su pasión, muerte y resurrección. Al dejar partir a su madre y a José hacia Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los introduce en el misterio del sufrimiento que lleva a la alegría, anticipando lo que realizaría más tarde con los discípulos mediante el anuncio de su Pascua.
Según el relato de Lucas, en el viaje de regreso a Nazaret, María y José, después de una jornada de viaje, preocupados y angustiados por el niño Jesús, lo buscan inútilmente entre sus parientes y conocidos. Vuelven a Jerusalén y, al encontrarlo en el templo, quedan asombrados porque lo ven «sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles» (Lc 2, 46). Su conducta es muy diversa de la acostumbrada. Y seguramente el hecho de encontrarlo al tercer día revela a sus padres otro aspecto relativo a su persona y a su misión. Jesús asume el papel de maestro, como hará más tarde en la vida pública, pronunciando palabras que despiertan admiración: «Todos los que lo oían estaban estupefactos por su Inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 47). Manifestando una sabiduría que asombra a los oyentes, comienza a practicar el arte del diálogo, que será una característica de su misión salvífica. Su madre le pregunta: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando» (Lc 2, 48). Se podría descubrir aquí el eco de los «porqués» de tantas madres ante los sufrimientos que les causan sus hijos, así como los interrogantes que surgen en el corazón de todo hombre en los momentos de prueba.
La respuesta de Jesús, en forma de pregunta, es densa de significado: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49). Con esa expresión, Jesús revela a María y a José, de modo inesperado e imprevisto, el misterio de su Persona, invitándolos a superar las apariencias y abriéndoles perspectivas nuevas sobre su futuro.» (San Juan Pablo II, 15 de enero de 1997)
«Ejecutando nuestras acciones por medio de la Virgen, como enseña esta práctica, os despojáis de vuestros propios intereses y operaciones, aunque sean terrenas y humildes, para aplicaros, por decirlo así, las suyas, aunque os sean desconocidas, y de este modo entráis en participación de la sublimidad de sus intenciones, que han sido tan puras, que más gloria ha dado María a Dios por la más insignificante de sus acciones, por ejemplo, hilando en la rueca, o haciendo un punto de aguja, que San Lorenzo sobre las parrillas, por su cruel martirio, y más que todos los santos por sus acciones más nobles y heroicas. Durante su mansión en la tierra, la Virgen adquirió un cúmulo tan inefable de gracias y de méritos, que más fácilmente se contarían las estrellas del firmamento, las gotas de agua de la mar y las arenas de las playas que los méritos y gracias de María Santísima. Ella ha procurado más gloria a Dios que le han dado y le darán todos los Angeles y Santos. iQué prodigio el vuestro, María! No sabéis hacer sino prodigios de gracia en las almas que desean perderse en Vos.
Porque un alma fiel, por esta práctica, comoquiera que no tiene en nada cuanto piensa o hace por sí misma, y no coloca su apoyo ni su complacencia más que en las disposiciones de María, para acercarse a Jesucristo y hasta para hablarle, ejercita mucho más la humildad que las almas que obran por sí mismas; las cuales aunque imperceptiblemente, se apoyan y se complacen en sus disposiciones; y, por consiguiente, glorifica más altamente a Dios, pues Este nunca es tan perfectamente glorificado como cuando lo es por los humildes y sencillos de corazón.» (Tratado Verdadera Devoción a María, 222-223)

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