lunes, 26 de enero de 2026

Dogmas Marianos


 


Los Dogmas Marianos




Maternidad Divina


“¿Cómo así viene a visitarme

 la Madre de mi Señor?”.

Lc 1 43



Entre las innumerables lecciones otorgadas a los hombres por la Historia, hay una de importancia capital: la forma más eficaz de combatir una verdad no siempre consiste en propagar el error opuesto, sino en exagerar alguno de sus aspectos. Se constata esto cuando se analiza el movimiento pendular de las herejías de los primeros siglos, las cuales, bajo las apariencias de celo y pía defensa de la ortodoxia, se sucedían los extremismos más heterodoxos, igualmente distantes del equilibrio de la Fe. Es lo que sucedió, por ejemplo, con la herejía que dio ocasión a la definición del primer dogma mariano.


Se extendía en el siglo IV un terrible error cristológico difundido por Apolinar, obispo antiarriano de Laodiceia que, alegando la necesidad de salvaguardar la unidad de Cristo con Dios terminó por amputarle la naturaleza del hombre, negando la existencia del alma humana en el Verbo Encarnado. Contra los apolinaristas —término por el que fueron conocidos los seguidores del heresiarca— se levantó Nestorio, Patriarca de Constantinopla, que defendía la integridad tanto de la naturaleza humana como de la divina, pero afirmaba un error opuesto: ambas eran tan completas que formaban dos hipóstasis independientes, dos personas unidas de manera extrínseca y accidental.


Así pues, Cristo sería Dios y hombre, pero no en el sentido católico de la unión hipostática del Verbo con la humanidad, sino que estaría formado por un compuesto de dos personas distintas, y sólo habría entre ellas una unión moral.9 Esta doctrina comportaba un gran corolario: María no era Madre de la persona divina, únicamente de la naturaleza humana de Cristo. Por lo tanto, debería ser llamada Khristotókos (Madre de Cristo) y no Theotókos (Madre de Dios).


Tal afirmación lesionaba tanto las enseñanzas de los Padres como la piedad de los fieles, cuya indignación ante las proposiciones de Nestorio no fue pequeña.


En efecto, desde los primeros tiempos de la literatura cristiana aparecen claros precedentes de la doctrina establecida por el dogma. En los escritos de San Ignacio de Antioquía, que fue discípulo del apóstol Juan, encontramos expresiones como éstas: “Porque nuestro Dios, Jesucristo, ha sido llevado en el seno de María, según la economía divina, nacido ‘del linaje de David’ y del Espíritu Santo”10; “He constatado que sois perfectos en la fe inmutable. […] Estáis plenamente convencidos de que el Señor es verdaderamente de la descendencia de David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios, nacido verdaderamente de la Virgen”.11


En un sentido análogo se pronuncia San Irineo, en el siglo II, cuando atribuye a la misma Persona la generación eterna y temporal, acentuando la unidad personal de Cristo, Verbo de Dios e Hijo de María: “Por tanto, el Hijo de Dios nuestro Señor, es Verbo del Padre y, al mismo tiempo, Hijo del hombre, que de María, nacida de las criaturas humanas y Ella misma criatura humana, tuvo nacimiento humano, haciéndose Hijo del hombre”.12


La devoción de los fieles por la “ Sancta Dei Genitrix (Santa Madre de Dios)” viene demostrada, al menos desde el siglo III, por la oración Sub tuum præsidium , la oración más antigua de la que se tiene conocimiento dirigida a María, en la que es invocada de aquella forma.13 Según afirma Gabriel Roschini, “en el siglo IV, incluso antes del Concilio de Éfeso, la expresión Madre de Dios se hacía tan común entre los fieles que ponía nervioso al emperador Julián, el Apóstata”.14


Emocionantes son las páginas de este capítulo de la Historia de la Iglesia en el que el Concilio de Éfeso, teniendo al frente al gran santo Cirilo de Alejandría, definió en el año 431 la verdad destinada a brillar para siempre en el firmamento de la teología: “Si alguno no confiesa que el


Emmanuel es según la verdad Dios y que, por lo tanto, la Santa Virgen es la Madre de Dios (de hecho ha generado según la carne al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema”.15


Es digno de mención el entrelazamiento que hubo entre la fe popular y la reacción doctrinal contra la herejía, como factor decisivo para la proclamación de este primer dogma mariano. Junto a las cuestiones teológicas, en casi todas las obras que hablan del Concilio de Éfeso está presente la constitución de una especie de “hinchada” de fieles por la proclamación del dogma, manifestada sobre todo en la narrativa del júbilo popular tras la clausura de la sesión que consagró la Theotókos : provistas de antorchas encendidas, la devota multitud acompañó a los Padres conciliares hasta sus casas, aclamándolos por la ciudad.


Así pues, se abrían las puertas a las definiciones formales de la Santa Iglesia referente a las realidades teológicas que tratan sobre la Santísima Virgen. La segunda de ellas, acerca de su virginidad perpetua, vendría doscientos años más tarde, nuevamente en defensa de la verdad en la lucha contra la falsa doctrina.






La Virginidad Perpetua


“¿Cómo será esto posible, 

si no conozco varón?”.

Lc 1, 34




La virginidad perpetua de la Madre de Dios se sintetiza en esta fórmula: María fue virgen antes del parto, durante el parto y después del parto. Estos tres elementos del dogma afirman la concepción virginal de Jesús, pues María fue madre por virtud divina, sin el concurso humano; el nacimiento milagroso de Jesús, que “lejos de menoscabar, consagró su integridad virginal” 16; y la integridad de María Santísima después del nacimiento de su divino Hijo.


Los libros del Antiguo Testamento ya traían imágenes y profecías sobre la virginidad de María como comenta San Bernardo: “¿Qué prefiguraba en su día aquella zarza ardiendo sin consumirse? A María dando a luz sin dolor alguno. ¿Y la vara de Aarón, que florece misteriosamente sin haberla plantado? A la Virgen, que concibió sin concurso de varón. Y será Isaías quien mejor nos formule el mayor misterio de este prodigioso milagro.


‘Germinará una vara del tocón de Jesé y de su raíz brotará una flor’; así deja representada a la Virgen en la vara y a su parto en la flor”.17


Y prototípica es la profecía de Isaías, recogida por San Marcos: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: ‘Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel’, que significa ‘Dios-con-nosotros’” (Mt 1, 22-23).


La concepción virginal está atestiguada en el Nuevo Testamento por San Lucas y San Mateo cuando afirman que Jesús fue engrendado por el Espíritu Santo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35); “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1, 20).


A pesar de estas evidencias bíblicas, la maternidad virginal de María fue el blanco de los ataques de varias herejías en los primeros siglos, como la corriente de los ebionitas, la cual negaba la divinidad de Jesús.


No obstante, la concepción virginal ya era considerada por la Iglesia como indiscutible patrimonio doctrinario18, y fue puesta al servicio de la defensa de la divinidad del Redentor.


En este período es cuando, con San Justino, la expresión “la Virgen” empieza a ser característica para designar a María Santísima.19


En el siglo IV, hubo una amplia explicación de este dogma, como reacción a los errores propagados entonces. Defendieron la virginidad perpetua de María grandes escritores como San Epifanio, San Jerónimo, San Ambrosio y San Agustín.


Hermosas son las páginas dedicadas por el Obispo de Hipona a la alabanza de este privilegio mariano, como nos muestra el siguiente fragmento: “María permanece virgen al concebir a su Hijo, virgen como gestante, virgen al dar a luz, virgen al alimentarlo en su seno, siempre virgen. ¿Por qué te admiras de eso, oh hombre? Puesto que Dios se dignó hacerse hombre, convenía que naciese de ese modo”.20


No tardó mucho para que a la profundización teológica se le añadiese el reconocimiento del Magisterio. Le correspondió al Sínodo de Letrán del 649, convocado por el Papa San Martín I, la proclamación del dogma.


Tras las grandes controversias cristológicas de sus primeros tiempos, la Iglesia esperaría doce siglos para una nueva solemne definición dogmática sobre los atributos de la Madre de Dios. En esta ocasión, no será impelida por la necesidad de combatir herejías, sino por otro poderoso factor de desarrollo dogmático: el sensus fidei.


 





La Inmaculada Concepción


“Alégrate, llena de gracia,

 el Señor está contigo” .


Lc 1, 28




La definición del dogma de la Inmaculada Concepción es un ejemplo paradigmático de la fe eclesial que, por una especial asistencia del Espíritu Santo, crece y profundiza en la comprensión de las verdades reveladas.


En este caso, el pueblo cristiano, “que no sabe de teología, pero tiene el instinto de la fe , que proviene del mismo Espíritu Santo y le hace presentir la verdad aunque no sepa demostrarla”21, se anticipó a los doctos y sabios al creer en la Inmaculada Concepción de María.


Estimulados por la fe instintiva de los fieles, los teólogos buscaron fundamentarla con argumentos plausibles y armonizarla con el conjunto de la Revelación. Y fue en este punto que la tesis de la Inmaculada Concepción se vio incomprendida incluso por grandes y piadosos doctores, como San Bernardo, San Anselmo, San Buenaventura, San Alberto Magno o Santo Tomás de Aquino, quienes no osaban defender la proclamación de este dogma porque no podían conciliarlo con la doctrina acerca de la transmisión del pecado original y de la redención universal obrada por Cristo.


Una reacción a la altura a favor del dogma aparecería años más tarde, con el Beato Juan Duns Escoto, el cual “tras establecer los verdaderos términos de la cuestión, puso con admirable claridad las bases sólidas para disipar las dificultades que los contrarios ponían a la singular prerrogativa mariana”.22 Tales fundamentos consistían, sobre todo, en la elaboración del concepto de redención preventiva, argumento decisivo de la doctrina sobre la Inmaculada.


Los teólogos argumentaban que hay dos formas de liberar a un cautivo: pagando el precio del rescate para sacarlo de su cautiverio en que ya está (situación análoga a la redención liberadora, en la cual, por los méritos de Cristo, somos limpiados de la culpa original heredada de nuestros primeros padres); o pagando anticipadamente, impidiendo que la persona caiga en el cautiverio (redención preventiva). Ésta última es la verdadera y propia redención, más auténtica y profunda que la primera, y es la que se aplicó a la Santísima Virgen, preservada inmune de cualquier mancha de pecado, desde el primer instante de su concepción.23


El entusiasmo del buen pueblo de Dios del mundo entero —y especialmente el de España— se hacía sentir hasta en el Vaticano. Sin embargo, fue necesario esperar al 8 de diciembre de 1854 para la declaración del dogma. Así pues, como afirmaba Pío IX, habría llegado “el tiempo oportuno de definir la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios la Virgen María, que maravillosamente esclarecen y declaran las divinas Escrituras, la venerable tradición, el perpetuo sentir de la Iglesia, el ansia unánime y singular de los católicos, prelados y fieles, los famosos hechos y constituciones de nuestros predecesores”.24


La solemne definición tuvo lugar en la Basílica Vaticana con la presencia de numerosas autoridades eclesiásticas y de una multitud de devotos.


Un testigo ocular de este memorable día observó: “Hoy es en Roma, como otrora en Éfeso: las celebraciones de María son, en cualquier parte, populares. Los romanos se preparan para recibir la definición de la Inmaculada Concepción, como los efesios acogieron la de la Maternidad divina de María: con cánticos de júbilo y manifestaciones del más vivo entusiasmo”. 25 


Había quedado consagrada para siempre la fórmula hallada por los españoles —que tan gran papel tuvieron en la difusión de esta verdad— para expresar su amor por la Inmaculada: “Ave María Purísima, sin pecado concebida”.


 







María asunta al Cielo


“La muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” .


1 Co 15 54-55




La proclamación del dogma de la Asunción, definido por Pío XII, casi un siglo después, es otro bello ejemplo de la madurez de la fe eclesial.


La devoción popular por la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo encontró sus primeras manifestaciones en una antiquísima celebración litúrgica en Oriente. Previas a esta celebración son las primeras referencias de la Tradición, sobre el destino final de la Santísima Virgen, que aparecen entre los siglos IV y V, destacándose las aserciones de San Efrén y de San Epifanio. Los testimonios de los Padres se hicieron más numerosos a partir del siglo siguiente, y de gran importancia son las homilías de San Andrés de Creta y, especialmente, las de San Juan Damasceno que “se distingue entre todos como testigo eximio de esta tradición”.26


Siguiendo a los Padres de la Iglesia, los teólogos escolásticos expusieron con gran claridad el significado de la Asunción y su profunda conexión con las demás verdades reveladas, contribuyendo mucho en la progresiva divulgación de este privilegio de la Madre de Dios. Se puede decir que, en líneas generales, a partir del siglo XV los teólogos ya eran unánimes en afirmarlo. A estos testimonios litúrgicos, patrísticos y teológicos cabe añadir numerosas expresiones de la piedad popular, entre ellas la dedicación de uno de los misterios del Rosario a esta verdad.


Tal consenso eclesial es señalado por Pío XII como argumento fundamental para la proclamación dogmática de la Asunción, pues al presentar “la enseñanza concorde del Magisterio ordinario de la Iglesia, y la Fe concorde del pueblo cristiano —por él sostenida y dirigida—, manifestó por sí mismo de modo cierto e infalible que tal privilegio es verdad revelada por Dios y contenida en aquel divino depósito que Cristo confió a su Esposa para que lo custodiase fielmente e infaliblemente lo declarase”.27 Apoyada en estos presupuestos, la solemne definición se realizó en 1950.


El ambiente que enmarcó la declaración dogmática de la Asunción fue, sin duda, impresionante, como lo pudieron registrar las cámaras fotográficas de la época. Numerosos cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos, además de una gran multitud de fieles, acudieron a la Plaza de San Pedro, sin contar todos los que, dispersos por el mundo, la acompañaron por radio o televisión. Era el orbe católico unido en “un solo corazón, una sola alma” (Hch 4, 32) el que asistía a la solemne proclamación de la Fe que en unísono profesaba.


Así rezan las palabras definitorias: “Para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste”.28


Signo de crecimiento y robustecimiento


En las pocas narraciones de la infancia de Jesús registradas en los Evangelios, figura una admirable —pero, ¡ay!, qué sucinta— síntesis de los primeros años del Verbo de Dios hecho carne: “El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con Él” (Lc 2, 40). Tales palabras relativas a Cristo bien pueden ser aplicadas a su Cuerpo Místico, el cual crece y se robustece continuamente, animado por el Espíritu Santo que lo vivifica.


Ahora bien, al término de esta reflexión, es reconfortante observar como las definiciones dogmáticas constituyen una de las más hermosas manifestaciones de este crecimiento.


Pues, como enseña el P. Garrigou- Lagrange, la solemne declaración de las verdades de Fe y su penetración cada vez más profunda en el pueblo cristiano presentan como principal corolario el conducir a la comprensión —tanto como sea posible en esta Tierra— de Aquel que “nos ama por encima de todo lo que podemos concebir y desear, hasta querer asociarnos a su vida íntima, llevarnos poco a poco a verlo como Él se ve y a amarlo como Él se ama”.29


Por lo tanto, si la solemne declaración de una verdad de Fe tiene por principal finalidad conducir al conocimiento de Dios y de las realidades que a Él conciernen, la más relevante implicación teológica de los dogmas marianos no podría ser otra que la de proporcionar, a partir de la explicación del contenido de la Revelación, una mayor ciencia acerca de Aquella que Dios escogió por Madre y unió a sí y a toda la Iglesia de forma singularísima.


Así lo entendió la Iglesia que, a partir de la exégesis de las Escrituras, de la auscultación de la Tradición, de la labor teológica y de la fidelidad a la acción del Paráclito en las almas, se descortinaron amplios panoramas en la comprensión de la Santísima Virgen y de su divino Hijo.


En los primeros siglos, la tierna Iglesia recién nacida se ve convulsionada por diversas herejías. ¿Gran peligro? Sin duda. Pero también excelente oportunidad para la consolidación doctrinaria, esfuerzo que tal vez no se hubiese hecho si no fuese la necesidad apologética.


Es lo que demuestran las solemnes declaraciones de la maternidad divina y la virginidad perpetua, dogmas que ensancharon los horizontes de la doctrina católica, confiriendo a Nuestra Señora un destaque único.


Habían sido lanzados los fundamentos de la Mariología, abiertas las puertas para el florecimiento de las festividades en honor de la Madre de Dios y establecidas sólidas bases para la devoción mariana de los fieles.


Los siglos fueron pasando y la robustez doctrinal ya alcanzada permite que se verifique otra forma de desarrollo de la piedad, esta vez a partir del sentido sobrenatural de la fe. Las verdades reveladas ya definidas, sus corolarios doctrinarios y sus manifestaciones litúrgicas son fundamento para la proficua acción del Espíritu Santo, que inspira nuevas profundizaciones en los fieles.


Éstas son recogidas por el Magisterio de la Iglesia y, cual nuevo brote injertado en el rol de las verdades de Fe, son proclamados los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María.

 

Organismo vivo y —al contrario de las leyes naturales— en continuo rejuvenecimiento, la Iglesia puede aún ver florecer en su regazo nuevos dogmas marianos, como, por ejemplo, el de la mediación universal y el de la co-redención de la Santísima Virgen, si a esto la conduce el cumplimiento de su misión.


Sin que jamás constituyan obstáculos coercitivos y obsoletos, harán resonar nuevamente el gran consejo cristocéntrico de María: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5), invitándonos a una adhesión amorosa al Magisterio de la Iglesia “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3, 15).


 


 




























-------------------------------------


1 CONCILIO VATICANO II. Dei Verbum , n. 7.


2 CIC, 890.


3 CONCILIO VATICANO II. Dei Verbum , n. 10.


4 CONCILIO VATICANO II. Lumen gentium , n. 25.


5 CIC 88.


6 Ídem, 89.


7 CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. A Igreja e a História. In: Dr. Plinio . São Paulo. Ano V. N. 46  (Enero, 2002); p. 20.


8 SAN AGUSTÍN. La ciudad de Dios , l. XVI, c. 2, 1.


9 Cf. ALASTRUEY, Gregorio. Tratado de la Virgen Santísima . Madrid: BAC, 1956, pp. 76-77.


10 SANTO IGNACIO DE ANTIOQUÍA. Carta a los efesios , 18, 2.


11 Idem, Carta a los esmirniotas , 1, 1.


12 SAN IRINEO DE LYON. Contra las herejías , l. 3, c. 19, 3.


13 ROSCHINI, Gabriel. Instruções marianas . São Paulo: Paulinas, 1960, p. 44.


14 Ídem, ibídem.


15 Dz 252.


16 CONCILIO VATICANO II. Lumen gentium, n. 57.


17 SAN BERNARDO DE CLARAVAL. Laudibus Virginis Matris , II, 5.


18 En su Apología , San Justino presenta la concepción virginal de María como una verdad fundamental de la religión cristiana (I, 33); de igual manera, San Irineo ( Adv. Haer . 3, 19ss) afirma que esta verdad es una de las contenidas en la “regla de Fe” que todos deben creer.


19 Cf. ALDAMA, José Antonio de. María en la patrística de los siglos I y II . Madrid: BAC, 1970, p. 83.


20 SAN AGUSTÍN. Sermón. 186, 1.


21 ROYO MARÍN, OP, Antonio. La Virgen María: teología y espiritualidad marianas. 2. ed. Madrid: BAC, 1997, p. 75.


22 CLÁ DIAS, EP, João Scognamiglio. Pequeño ofício da Imaculada Conceição comentado . São Paulo: Artpress, 1997, p. 496.


23 Cf. ROYO MARÍN, op. cit., p. 75.


24 PÍO IX. Ineffabilis Deus , n. 22.


25 CHANTREL, Joseph. Histoire populaire des papes , apud CLÁ DIAS, op. cit., p. 501.


26 PÍO XII. Munificentissimus Deus , n. 21.


27 Ídem, n. 12.


28 Ídem, n. 44.


29 GARRIGOU-LAGRANGE, OP, Réginald. El sentido común: la filosofía del ser y las fórmulas dogmáticas . Buenos Aires: Desclée de Brouwer, 1945, p. 240.





                             










                                los-dogmas-y-las-doctrinas-marianasfrom Humberto Corrales







martes, 20 de enero de 2026

María, Signo profético en el anuncio Mesiánico

 






La primera pareja humana es 

seducida por el mal


El libro del Génesis comienza con el relato de la creación e inmediatamente llega al origen del pecado dentro de la humanidad; la primera pareja humana, Eva y Adán, caen en la desobediencia y pierden la gracia de Dios, luego se esconde porque tienen pena, vergüenza de Dios (cf. Gn 3,10).
















El Antiguo Testamento camino de
 recuperación de la gracia

 Judit quien liberó al pueblo de Israel sometido al asedio por Holofernes y ya a punto de perecer de hambre, cortándole la cabeza al capitán enemigo. (Jt 13,6-7). El pueblo de Jerusalén la aclama con las mismas palabras que Isabel bendice a María: Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. (Jt 13,18).













Fidelidad y maternidad espiritual

Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece, (Sal 50,2) aquí percibimos el sentido de María, la toda santa, la toda hermosa, cuando el ángel Gabriel la llama “llena de gracia”. Estas figuras forman parte de lo femenino que recupera la presencia de Dios. Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la funda es el propio Altísimo. (Sal 87,5).















Virgen profetizada

He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (Is 7,14).

La señal de que ha llegado el Mesías y de que se va a restablecer la gracia perdida en Adán y Eva por causa de la Serpiente Antigua.







María es la más perfecta hija de Sión, la mejor de todas las hijas de Israel, por eso el ángel la llama “llena de gracia”, llena de Dios, la que escucha a Dios y le obedece...












jueves, 15 de enero de 2026

Prefiguración de la Eucaristía en el Antiguo Testamento


 


Génesis 4, 3-11


3 Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, 4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, 5 pero no miró a Caín ni su ofrenda.

Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. 6 El Señor le dijo: "¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? 7 Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo".

8 Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos afuera". Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.

9 Entonces el Señor preguntó a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?". "No lo sé", respondió Caín. "¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?". 10 Pero el Señor le replicó: "¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.

11 Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti.






Génesis 18, 20

Abraham,  Ejemplo de Oración


En el capítulo 18 del libro del Génesis; se cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra estaba llegando a tal extremo que resultaba necesaria una intervención de Dios para realizar un acto de justicia y frenar el mal destruyendo aquellas ciudades.


Aquí interviene Abraham con su oración de intercesión. 


Dios decide revelarle lo que está a punto de suceder y le da a conocer la gravedad del mal y sus terribles consecuencias, porque Abraham es su elegido, escogido para convertirse en un gran pueblo y hacer que a todo el mundo llegue la bendición divina. Tiene una misión de salvación, que debe responder al pecado que ha invadido la realidad del hombre; a través de él el Señor quiere reconducir a la humanidad a la fe, a la obediencia, a la justicia. Y ahora este amigo de Dios se abre a la realidad y a las necesidades del mundo, reza por los que están a punto de ser castigados y pide que sean salvados.

Abraham plantea enseguida el problema en toda su gravedad, y dice al Señor: «¿Es que vas a destruir al justo con el culpable? Si hay cincuenta justos en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa! matar al justo con el culpable, de modo que la suerte del justo sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?» (Gn 18, 23-25). Con estas palabras, con gran valentía, Abraham presenta a Dios la necesidad de evitar una justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar su delito e infligir el castigo, pero —afirma el gran patriarca— sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay inocentes, estos no pueden ser tratados como los culpables. Dios, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, con razón, a Dios.

Con su oración, por tanto, Abraham no invoca una justicia meramente retributiva, sino una intervención de salvación que, teniendo en cuenta a los inocentes, libre de la culpa también a los impíos, perdonándolos.

El pensamiento de Abraham, que parece casi paradójico, se podría resumir así: obviamente no se puede tratar a los inocentes del mismo modo que a los culpables, esto sería injusto; por el contrario, es necesario tratar a los culpables del mismo modo que a los inocentes, realizando una justicia «superior», ofreciéndoles una posibilidad de salvación, porque si los malhechores aceptan el perdón de Dios y confiesan su culpa, dejándose salvar, no continuarán haciendo el mal, también ellos se convertirán en justos, con lo cual ya no sería necesario el castigo.

Es el perdón el que interrumpe la espiral de pecado, y Abraham, en su diálogo con Dios, apela exactamente a esto. Y cuando el Señor acepta perdonar a la ciudad si encuentra cincuenta justos, su oración de intercesión comienza a descender hacia los abismos de la misericordia divina.

«Quizá no se encuentren más de cuarenta.. treinta... veinte... diez» (cf. vv. 29.30.31.32). Y cuanto más disminuye el número, más grande se revela y se manifiesta la misericordia de Dios, que escucha con paciencia la oración, la acoge y repite después de cada súplica: «Perdonaré... no la destruiré... no lo haré» 

 Con la voz de su oración, Abraham está dando voz al deseo de Dios, que no es destruir, sino salvar a Sodoma, dar vida al pecador convertido:





20 Luego el Señor añadió: "El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave, 21 que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré".

22 Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a .

23 Entonces se le acercó y le dijo: "¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable?

24 Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él?

25 ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?".

26 El Señor respondió: "Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos".

27 Entonces dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor.

28 Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor.

29 Pero volvió a insistir: "Quizá no sean más que cuarenta". Y el Señor respondió: "No lo haré por amor a esos cuarenta".







El Sacrificio de Abraham


Génesis 22, 12-14


"...Dijo el Angel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único.»

Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo.

Abraham llamó a aquel lugar «Yahveh provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte "Yahveh provee"»..."












Exodo 12, 3-13


La institución de la Pascua


5 Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.

6 Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.

7 Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.

8 Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.

9 No la comerán cruda ni hervida, sino asada al fuego; comerán también la cabeza, las patas y las entrañas.

10 No dejarán nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemarán al amanecer.

11Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.

12 Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento alos dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

13 La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.







Éxodo 25, 30


La mesa de las ofrendas


23 Tú harás, además, una mesa de madera de acacia, de un metro de largo por medio metro de ancho y setenta y cinco centímetros de alto.

24 La recubrirás de oro fino y le colocarás alrededor una moldura de oro.

25 Luego le pondrás un borde de un palmo de ancho, y adornarás todo el borde con una guirnalda de oro.

26 Después harás cuatro argollas de oro, y las ajustarás a los cuatro ángulos que forman las cuatro patas de la mesa.

27 Las argollas estarán bien cerca del borde, a fin de que sirvan de sostén a las andas que se usarán para transportar la mesa.

28 Harás las andas de madera de acacia y las recubrirás de oro; ellas servirán para transportar la mesa.

29 También harás fuentes, vasos, jarras y tazas de oro puro para las libaciones.

30 Y sobre la mesa pondrás los panes de la ofrenda, que estarán siempre ante mí.
















martes, 13 de enero de 2026

La Iglesia y María Santísima en la historia

 





MARÍA Y LOS PRIMEROS CRISTIANOS

 

Ya en el siglo I, san Ignacio de Antioquía, en sus escritos, habla de María como madre universal, recalcando su virginidad perpetua y su maternidad divina.

 

El amor a María no es un invento tardío o una superstición introducida por el emperador Constantino. Ya hemos visto los textos del Evangelio. Y, si leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles, veremos que aquellos primeros cristianos del siglo I: Perseveraban unánimes en la oración con María, la madre de Jesús (Hech 1, 14). No podían vivir solos, necesitaban del apoyo y del amor maternal de María, para no equivocarse en la fe. Y María les daba ejemplo y acudía con ellos a la misa diaria. Dice el texto: Diariamente acudían unánimes al templo, partían el pan en las casas (partir el pan o fracción del pan era la palabra usada en aquel tiempo para hablar de la misa) y tomaban su alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios en medio del general favor del pueblo. Y cada día, el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvados (Hech 2, 46-47).

 

Y el amor que los apóstoles y aquellos primeros cristianos tenían a María, como madre de Jesús y madre suya, se lo transmitieron a las generaciones sucesivas. A este respecto, debemos citar a los Santos Padres, que son los escritores cristianos de los ocho primeros siglos (también se considera entre ellos a San Bernardo, aunque es del siglo XII). Ellos fueron santos y transmitieron la verdadera fe desde el principio, y la Iglesia con su autoridad aprobó su doctrina, citándolos continuamente como testigos privilegiados de la tradición cristiana primitiva. Ellos son, hasta ahora, como la memoria viva de la auténtica doctrina católica, tal como se vivía en los primeros siglos. Ellos nos transmiten lo que siempre y en todas partes se creía en aquellos tiempos, lo cual es fuente segura para saber cuál es la verdadera fe que Jesús enseñó. Ellos compusieron el Credo (resumen de las verdades de la fe), fijaron con claridad el canon de las Escrituras y precisaron la doctrina católica al luchar contra los herejes. Ellos son los garantes y testigos de la auténtica doctrina católica y, por eso, algunos concilios y Papas, incluso hoy, acuden a ellos para confirmar sus enseñanzas. En el concilio de Calcedonia, en el año 451, se comienza diciendo: Siguiendo a los Santos Padres… Pues bien, nosotros también acudiremos a estos Santos Padres para confirmar la doctrina sobre la Virgen María.

 

Ya en el siglo I, san Ignacio de Antioquía, en sus escritos, habla de María como madre universal, recalcando su virginidad perpetua y su maternidad divina. A este respecto, digamos que en el siglo II ya había imágenes de María, pues se han encontrado cuatro imágenes de la Virgen con el niño en las catacumbas de santa Priscila de Roma. En este mismo siglo, se ha descubierto también la inscripción Ave Maríaen la iglesia-sinagoga de Nazaret, construida sobre la casa de José y de María. Sobre esta iglesia, usada por los primeros cristianos, se había construido una iglesia bizantina. Sobre la iglesia bizantina, los cruzados habían construido otra iglesia. En el siglo XVIII, los padres franciscanos habían construido otra iglesia más grande y, actualmente, en el mismo lugar donde habían sido construidas estas iglesias, sobre la misma casa de José y María, está construida la gran basílica de la Anunciación, que es obra del arquitecto italiano Giovanni Muzio, y que fue consagrada el año 1969.

 

Antes de construir la actual basílica y al echar abajo la anterior iglesia, el gran arqueólogo bíblico padre Bellarmino Bagatti aprovechó para excavar y descubrir algunos datos interesantes. En la primitiva iglesia-sinagoga de los primeros cristianos de Nazaret, el padre Bagatti encontró la inscripción en griego Kaire Maria, Ave María. Otro escrito, en antiguo armenio decía: Virgen bella.

 

El padre Bagatti le dijo personalmente a Vittorio Messori: Tenemos la prueba de que la invocación a María nace con el cristianismo mismo y en el mismo lugar donde habitaba María. Gracias a las excavaciones realizadas, el católico sabe que, recitando el rosario, se enlaza a una cadena iniciada en Nazaret mismo. Una cadena de oración comenzada por alguno que había conocido a la Madre de Jesús, cuando para todos no era más que una joven como tantas otras[1].

 

En el siglo IV, ya se celebraban en Roma cuatro procesiones en honor de María y se celebraba la fiesta de la purificación, además de la Anunciación. En Siria, desde el año 370, se celebraba la fiesta de la virginidad de María. En el siglo V se comenzó a celebrar la fiesta de su Natividad; en el siglo VI, la fiesta de la Asunción; y en el siglo VII, la fiesta de la Inmaculada Concepción.

 

 

“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza”

Apocalipsis 12: 1

 






 

250 d.C.: Durante el reinado del emperador romano Decio, comenzó a aprobarse leyes contra la práctica del cristianismo. Los cristianos rechazaron hacer sacrificios a dioses paganos, por lo que fueron perseguidos, torturados y asesinados. Ellos le llamaron “el feroz tirano”. En las catacumbas de Santa Priscila, Roma (Prisca, niña de 13 años, como una de las primeras mártires del cristianismo) los cristianos dibujaron la primera representación conocida de la Virgen María. Fue descubierta en 1578 por Alfonso Chacón, religioso dominico, historiador y arqueólogo castellano y bibliotecario de la Biblioteca Apostólica Vaticana, en un derrumbe en la Vía Salaria en Roma.

302-304 d.C.: Persecución de Diocleciano. Fue la última persecución sangrienta contra los cristianos del Imperio Romano. Promulgó cuatro edictos contra los cristianos.

311 d.C.: El emperador Galerio promulga el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, que reconoce legalmente a los cristianos, libertad para celebrar su culto y la construcción de templos para su Dios.

313 d.C.: El emperador Constantino I promulga el Edicto de Milán, que establece la libertad de religión en el Imperio Romano: “hemos sancionado que, tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven su fe y observancia de su secta y religión…que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan”.

Según Denzey y otros consideran que los frescos de Santa Priscila demuestran que las mujeres jugaron en la iglesia primitiva un papel mucho más importante de lo que se creía. Ver libros: Denzey, Nicola (2007). The Bone Gatherers: The Lost Worlds of Early Christian Women; Bisconti, Fabrizio (2011). Le pitture delle catacombe romane; De Rossi, Giovanni B. (1864). La Roma sotterranea cristiana descritta e illustrata; Bosio, Antonio (1634). Roma Sotterranea.

431 d.C.: 22 de Junio-16 de Julio, en el Concilio de Éfeso (Turquía), se denominó a María como la “madre de Dios”.

432-440 d.C.: El papa Sixto III ordena la construcción de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma, sobre la anterior construida por el papa Liberio en 360 d.C. Es la primera iglesia mariana en Roma.

455 d.C.: 25 de Enero, traslado de las mortajas y tumba de Nuestra Señora de Palestina a Constantinopla.

537 d.C.: Inauguración de la catedral de Hagia Sophia de Constantinopla (Santa Sabiduría) por Justiniano I.

1220: Se inaugura la catedral de la Asunción de Nuestra Señora en Chartres (Francia), sobre el mismo lugar donde hubo un altar pagano a la diosa madre de la mitología druídica (pueblo de la tribu celta de los carnutes).

1250: El papa Gregorio IX aprobó la oración Salve Regina, y ordenó que se cantara al final del rezo de las Completas. Los monjes la cantaban antes de dormir y los frailes dominicos la cantaban en procesión con velas encendidas. Es una de las cuatro antífonas del Breviario dedicadas a la Virgen (las otras tres son Alma Redemptoris Mater, Ave Regina Coelorum y Regina Coeli).

1493: El culto a Nuestra Señora en el Nuevo Mundo (América) viene de cuando Cristobal Colon bautizó una isla en las Antillas con el nombre de Guadalupe, en honor a Santa María de Guadalupe, de Extremadura, España.

1501: En un manuscrito de la biblioteca de Múnich, según Thomas Esser, se indica que el rosario tuvo su origen en la Orden de San Benito, que posteriormente se consolidó por obra de la Orden de los Cartujos, y se expandió por acción de la Orden Dominica. En los monasterios los frailes recitaban los 150 salmos, y para los hermanos y fieles (que en aquella época no sabían leer) recitaban 150 avemarías.

1527: En el segundo viaje del capitán Francisco Pizarro, luego de estar en la isla del Gallo pasan a la isla de Gorgona, donde había más alimentos. Según Antonio de Herrera y Tordesillas, cronista oficial de Indias: “cada mañana daban gracias a Dios: a las tardes decían la Salve y otras oraciones por las Horas (canónicas); sabían las fiestas (de guardar) y tenían cuenta con los viernes (de ayuno y abstinencia) y domingos”.

1528: 15 de Agosto, consagración de la iglesia de Nuestra Señora de Constantinopla, protectora de esa ciudad y del Imperio Romano de Oriente.

1531: 12 de Diciembre, última aparición de Nuestra Señora de Guadalupe (Reina de México y Emperatriz de América), al indio mexica Juan Diego Cuauhtlatoatzin (canonizado el 31 de Julio de 2002 por el papa Juan Pablo II) en el cerro del Tepeyac. Según el cronista José de Acosta: “Las relaciones de los españoles y las de los indios concuerdan en que les libró Nuestro Señor por milagro, defendiéndoles la Madre de Misericordia y Reina del Cielo, María, maravillosamente en un cerrillo donde a tres leguas de México está el dia de hoy fundada una iglesia en memoria de esto”.

1532: Captura de Atahualpa, inca bastardo, en Cajamarca. Conquista del Perú. Llegan las órdenes religiosas que introdujeron devociones marianas: Nuestra Señora del Rosario (orden dominica), Inmaculada Concepción (orden franciscana), Virgen de las Mercedes (orden de los mercedarios), Virgen de Loreto, de la O, y de los Desamparados (orden jesuita), Nuestra Señora de Belén (orden betlemita).

1536: Nuestra Señora se aparece durante el Sitio del Cusco contra el ejército de Manco Inca, hijo de Huayna Cápac, que arrojaban flechas de fuego al techo de icho del templo de Quishuarcancha dedicado al creador del mundo andino Ticsi Huiracocha Pachayachachi, donde los conquistadores estaban guarecidos y que improvisaron como primera capilla cristiana (hoy iglesia del Triunfo).

1551: En el retablo mayor de la basílica catedral de Lima preside la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización, obra del escultor español Roque Balduque. Fue trasladada allí mismo en la capilla de la Concepción. En 1985 el papa Juan Pablo II le regala la Rosa de Oro, y el 6 de octubre de 1990 la proclama Patrona de la Arquidiócesis de Lima.

1568: En el Concilio de Trento (Italia), el papa Pio V promulgó el Breviario Romano, se ordena el uso universal del avemaría para rezar al principio de cada hora del Oficio Divino, despues del padrenuestro.

1583: 2 de Febrero, Inicio del culto a la Virgen de Copacabana, Bolivia. Su fiesta se celebra el 5 de agosto. Es patrona de la Policía Nacional de Bolivia y Reina de la Nación.

1598: Inicio del culto a la Virgen de Cocharcas en Apurímac, Perú. Es la advocación mariana más venerada del Perú. Su imagen en una réplica de la Virgen de Copacabana.

1614: Se inaugura la columna de la paz, con la estatua de la virgen y el niño, en la plaza de Santa María la Mayor, Roma. Tiene una altura de 14,30 metros y fue traída de la Basílica de Majencio y Constantino (Templo de la Paz) en el Foro Romano. El pedestal fue diseñado por el arquitecto Carlo Maderno. Obra de los escultores Guillaume Berthélot y Orazio Censore. La imagen de bronce fue tomada de una imagen de la Capilla Paulina de la Basílica de Santa María la Mayor, llamada Nuestra Señora de la Salus Populi Romani. La columna tiene una anotación del papa: “Porque el príncipe que da la paz verdadera vino desde su vientre”.

1696: Inicio del culto a la Virgen de la Candelaria en Arcani-Puno, Perú. En el siglo XVIII luego de un milagro desplazó en Puno a los cultos a la Inmaculada Concepción, San Juan y San Carlos.








1823: Durante un exorcismo en Italia, dos sacerdotes dominicos hicieron reconocer al diablo el dogma mariano que sería promulgado 30 años despues.

1843: Luis María Grignion de Montfort publica en La Rochelle (Francia) su libro “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”.

1854: 8 de Diciembre, el Papa Pio IX promulgó el dogma de la Inmaculada Concepción de María dentro de la carta apostólica Ineffabilis Deus.

1857: Se inaugura una columna (hallada en el Campo de Marte en 1777, al norte de las murallas de la Antigua Roma) con una estatua de bronce de la Inmaculada Concepción en la Plaza de España, Roma. Es obra del escultor Giuseppe Obici y del arquitecto Luigi Poletti. La tradición de enviarle flores a la Inmaculada viene desde el papa Pio XII, y la de dejarle rosas blancas es del papa Juan XXIII desde el 8 de diciembre de 1958.

1858: 25 de Marzo, la Santísima Virgen se aparece en Lourdes (Francia) a Bernadette Soubirous y confirma el dogma diciendo “Soy la Inmaculada Concepción”.

1917: 13 de Mayo, la Santísima Virgen se aparece en Fátima (Portugal) a los pastorcitos Lucia, Jacinta y Francisco.

1921: 7 de Setiembre, Frank Duff funda la Legión de María.

1935: Inauguración de la Basílica de Nuestra Señora de She Shan, en Shanghái (China), es la iglesia cristiana más grande de Asia.

1938: C. H. Roberts publica en su Catalogue of the Greek and Latin Papyri in the John Rylands Library el Sub tuum praesidium probablemente la oración cristiana más antigua a la Virgen María. La Biblioteca John Rylands de Manchester había comprado en 1917 muchos papiros de Egipto. Es un fragmento de 18 cm por 9,4 cm que contiene un texto en griego. Robert lo fecha primero hacia el siglo IV, pero E. Lobel, luego de un análisis paleográfico, lo fecho entre el 250 y 280 d.C. Esta oración precede al Ave María durante varios siglos en la oración de los cristianos.

1950: 1 de Noviembre, el Papa Pio XII promulgó el dogma de la glorificación de María con la Asunción al cielo en alma y cuerpo en la carta apostólica Munificentissimus Deus.

1954: 11 de Octubre, el Papa Pio XII promulgó el dogma sobre la realeza de la santísima Virgen María y la institución de su fiesta en la carta apostólica Ad Caeli Reginam.

1962-1965: En el Concilio Vaticano II (Roma), el papa Juan XXIII, tuvo como uno de sus objetivos, lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales.

1981: El mosaico de la Virgen María bajo la advocación Mater Ecclesiae, es bendecida por el papa Juan Pablo II. Ubicada en la Plaza de San Pedro de Roma, según diseño del arquitecto Javier Cotelo.

1984: El papa Juan Pablo II nombra a la Basílica de Nuestra Señora Aparecida, Brasil, como la iglesia mariana más grande del mundo.

1987: Se publica en Roma el libro “Collectio Missarum de Maria Virgine”.

1995: 13 de mayo, Se constituyó la Asociación Radio María Perú. Empezó el 28 de abril de 1994 en Radio Santa Rosa como un programa de una hora a las once de la noche denominado “Radio María”.

2002: Se publica en Roma el libro “Calendarium Romanum Generale” que incluye las celebraciones a la Virgen María: 1° Enero, Santa María, Madre de Dios (solemnidad); 11 febrero, Nuestra Señora de Lourdes; 25 Marzo, Anunciación del Señor (solemnidad); 13 Mayo, Nuestra Señora de Fátima; 31 mayo, Visitación de la Santísima Virgen María a Santa Isabel (fiesta); y lunes despues de Pentecostés: María madre de la Iglesia; Junio, sábado que sigue el segundo domingo despues de Pentecostés: Inmaculado Corazón de María (memoria); 16 Julio, Nuestra Señora del Carmen; 26 Julio, Santos Joaquín y Ana, padres de la Santísima Virgen María (memoria); 5 Agosto, Dedicación de la Basílica de Santa María; 15 Agosto, Asunción de la Santísima Virgen María (solemnidad); 22 Agosto, Bienaventurada María Virgen Reina (memoria); 8 Setiembre, Natividad de la Bienaventurada Virgen María (fiesta); 12 Setiembre, Santísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María; 15 Setiembre, Nuestra Señora de los Dolores (memoria); 7 Octubre, Nuestra Señora del Rosario (memoria); 21 Noviembre, Presentación de la Santísima Virgen María (memoria); 8 Diciembre, Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (solemnidad); 12 Diciembre, Nuestra Señora de Guadalupe; 25 Diciembre, Natividad del Señor (solemnidad); Domingo en la octava de Navidad o, si no hay, el 30 de Diciembre, Sagrada Familia de Jesús, María y José (fiesta).

2018: 11 de Febrero, Robert Card. Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, promulga el “Decreto sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia en el Calendario Romano General”.

2019: 13 de mayo, El papa Francisco autoriza peregrinaciones a la parroquia de Santiago Apóstol de Medjugorje, Croacia, donde se apareció varias veces la “Reina de la Paz”.

 




Dogmas Marianos

  Los Dogmas Marianos Maternidad Divina “¿Cómo así viene a visitarme  la Madre de mi Señor?”. Lc 1 43 Entre las innumerables lecciones otorg...