miércoles, 9 de octubre de 2024

Fátima la llamada a la humanidad

 



Cronología Misterios de Fátima



1907.03.28 | Lucía de Jesús nace, en Aljustrel.

 


1908.06.11 | Francisco nace, en Aljustrel.

 


1910.03.05 | Jacinta nace, en Aljustrel.

 


1913 | Lucía recibe la Primera Comunión.

 


1915 | Lucía y tres compañeras avistan «como una nube... con forma humana».

 


1916 | Un Ángel aparece, por tres veces, a los tres niños-pastores.







Primera Aparición del Ángel

 

Lugar: Loca do Cabeço, Pregonero en los Valinhos


Fecha: Primavera de 1916



«– ¡No temáis! Soy en Ángel de la Paz. Orad conmigo.

Y arrodillándose en la tierra, dobló la frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, lo imitamos y repetimos las palabras que le oíamos pronunciar:

– Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Después de repetir esto tres veces, se levanta y dice:

– Orad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas»


Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 169 (IV Memória). Cf. também Memórias da Irmã Lúcia I, p. 77-78 (II Memória).








Segunda aparición del Ángel



Lugar: Quintal de la casa de Lucía, al lado del Pozo do Arneiro


Fecha: Verano de 1916


«– ¿Qué hacéis? ¡Orad! ¡Orad mucho! Los corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

– ¿Cómo nos tenemos que sacrificar? – pregunté.

– De todo lo que puedas, ofrece un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atrae, así, la paz sobre tu Patria. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envía».


Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010 p. 170 (IV Memória).






Tercera aparición del Ángel



Lugar: Loca do Cabeço,


Fecha: Otoño de 1916


«[...] trayendo en la mano un caliz y sobre el una Hostia, de la cual cayeron, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró por tierra y repitió tres veces la oración:

– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

Después, levantándose, tomó de nuevo el cáliz y la Hostia y me dio la Hostia a mi y lo que contenía el cáliz se lo dió a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

De nuevo se postró por tierra y repitió con nosotros tres veces más la misma oración:

– Santísima Trinidad... etc.»


Memórias da Irmã Lúcia I. 14.ª ed. Fátima: Secretariado dos Pastorinhos, 2010, p. 170-171 (IV Memória).


 




1917.05.13 | La Señora del Rosario aparece a los tres niños-pastores por primera vez.



¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él os quiera enviar, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

– ¡Sí, queremos!

– Vais, pues, a tener que sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.

Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc.) cuando abrió por primera vez las manos, comunicándonos una luz tan intensa, que expedía de ellas como un gran reflejo, que penetrándonos en el pecho y en lo más íntimo del alma, nos hacía ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente:

– ¡Oh Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento!

Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora agregó:

– Recen el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.»


 


1917.05.27 | Lucía es sometida al primer cuestionario acerca de las apariciones.

 






1917.06.13 | La Señora del Rosario aparece a los tres niños-pastores por segunda vez.


– Quería pedirle que nos llevara para el Cielo.

– Sí; Jacinta y Francisco me los llevo en breve. Pero tú quedas aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. [A quien la abrace, promete la salvación; y serán queridas de Dios estas almas, como flores puestas por Mi adornando su Trono].

– ¿Quedo aquí solita? – pregunté, con pena.

– No, hija. ¿Y tú sufres mucho? No desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.

Fue en el momento en el que dijo estas últimas palabras cuando abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de esa luz que se elevaba hacia el Cielo y yo en la que se esparcía sobre la tierra. Enfrente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora, estaba un corazón rodeado de espinas que parecían estar clavados. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humandiad, que quería reparación.»



 


1917.07.13 | La Señora del Rosario aparece a los tres niños-pastores por tercera vez.

 


«– ¿Usted que es lo que me quiere?

– Quiero que vengan aquí el día 13 del mes que viene, que continúen rezando el rosario todos los días, en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque solo Ella os puede ayudar.

– Quería pedirle que nos dijera quién es, y que haga un milagro para que todos crean que usted se nos aparece.

– Continúen viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy, lo qué quiero, y haré un milagro que todos podrán ver, para creer.

[– Tengo aquí una petición para que usted convierta a una mujer de Pedrógão y una de Fátima y mejore a un niño de Moita.

Ella dijo que las convertía y mejoraba en un año.]

– Santificaos por los pecadores y decid muchas veces y en especial cuando hagáis algún sacrificio: "Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María".

Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos, como en los dos meses anteriores.

El reflejo pareció penetrar en la tierra y vimos como un gran mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fueses brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían junto con nubes de humo, cayendo por todos los lados, semejante al caer de las chispas en los grandes (incendios), sin peso ni equilibrio, entre giros y gemidos de dolor y desesperanza que horrorizaba y hacía estremecer de pavor (¡debió ser al enfrentarme con esta imagen que di ese grito ahí! Dicen haberme oído). 


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1917.08.13 | Los videntes son retenidos en Ourém y la Señora del Rosario aparece por cuarta vez, el 19 de agosto, a los tres niños-pastores.








19 de Agosto de 1917


Personas presentes (el día 13): entre 15.000-18.000, aunque algunos escritos hablan de apenas 5.000


«– ¿Qué es lo que usted me quiere?

– Quiero que continuéis yendo a Cova de Iria el día 13, que continuéis rezando el rosario todos los días. En el último mes, haré un milagro para que todos crean. [Si no hubiesen hablado contigo hacia la Aldea el Milagro sería más conocido; vendría San José con el Niño Jesús para dar la paz al mundo y vendría Nuestro Señor a bendecir al pueblo, venía Nuestra Señora del Rosario con un Ángel de cada lado y Nuestra Señora con un arco de flores alrededor.]

– ¿Qué es lo que usted quiere que se haga con el dinero que el pueblo deja en Cova de Iria?

– Hagan dos andas: una llévala tú con Jacinta y otras dos niñas, vestidas de blanco; la otra la lleva Francisco con tres niños. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y lo que sobre es para la ayuda de una capilla que mandaré construir.

– Quería pedirle la cura de algunos enfermos.

– Sí, a algunos curaré durante el año.

Y tomando un aspecto más triste:

– Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que van muchas almas al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas.»







1917.09.13 | La Señora del Rosario aparece a los tres niños-pastores por quinta vez.

 



«– Continúen rezando el rosario a Nuestra Señora del Rosario, todos los días, [que tape ella la guerra] para alcanzar el fin de la guerra, [que la guerra está acabando]. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, S. José con el Niño Jesús para bendecir al Mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda; traerla solo durante el día.

– Me han hecho muchas peticiones para que le pida muchas cosas: la cura de algunos enfermos, de un sordomudo.

– A algunos curaré, a otros no, [porque Nuestro Señor no quiere creer en ellos]. En octubre hare´el milagro para que todos crean.

[– El pueblo quiere mucho una capilla aquí.

– [De] la mitad del dinero que junten hasta hoy hagan dos andas y dónenlos a la Señora del Rosario; la otra mitad que sea para la ayuda de la capilla.

Le ofrecí dos cartas y un bote con agua de colonia.

– Me dieron esto, si usted lo quiere.

– Eso no es conveniente para llevar al Cielo.]»











1917.10.13 | La Señora del Rosario aparece a los tres niños-pastores por sexta vez.




«– ¿Qué es los que usted me quiere?

– Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor, que soy la Señora del Rosario, que continúen siempre rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar [aún hoy] y los militares volverán en breve para sus casas.

– Yo tenía muchas cosas para pedirle: si curaba a unos enfermos y si convertía a unos pecadores, etc.

– A unos sí, a otros no. Es necesario que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados.

Y tomando un aspecto más triste:

– ¡No ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendido! {Si el pueblo se enmienda, acaba la guerra y, si no se enmienda, acaba el mundo.}

[– ¿Aún me quiere alguna cosa más?

– Ya no quiero nada más.]

Y, abriendo las manos, las hizo reflejar en el Sol. Y mientras se elevaba, continuaba la reflejo de su propia luz proyectando en el Sol.

[...]








 




1919.04.04 | Francisco muere, en Aljustrel.



1920.02.20 | Jacinta muere, en Lisboa.

 


1921.06.15 | La Señora del Rosario aparece, por séptima vez, a Lucía, en Cova da Iria.



"Aquí estoy por séptima vez, sigue el camino por donde el Señor Obispo te quiere llevar, esa es la voluntad de Dios."

Repetí entonces mi «sí», ahora bien, más consciente del que dije el día 13 de mayo de 1917 y mientras te elevabas de nuevo hacia al Cielo, como una mirada, me pasó por el espíritu toda la serie de maravillas que en aquel mismo lugar, hacía apenas cuatro años,  se me habían dado a contemplar.»


Boletim Bem-aventurados Francisco e Jacinta. Fátima: Postulação de Francisco e Jacinta Marto, janeiro-março 2006.








1922.01.05 | Lucía escribe el primer relato de las apariciones.

 


1924.07.08 | Lucía responde al interrogatorio oficial de la Comisión Canónica Diocesana sobre los acontecimientos de Fátima.



 


1925.12.10 | Nuestra Señora y el Niño Jesús aparecen a Lucía, en Pontevedra.

 

Lugar: en su habitación, en Pontevedra


Fecha: 10 de Diciembre de 1925


«Se le apareció la Santísima Virgen y, a su lado, suspenso en una nube, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole en el hombro la mano y mostrando, al mismo tiempo, un corazón que tenía en la otra mano, rodeado de espinas.

Al mismo tiempo, dijo el Niño:

– Ten pena del Corazón de tu Santísima Virgen que está cubierto de espinas, que los hombres ingratos en todos los momentos le clavan sin que nadie haga un acto de reparación para eliminarlos.

En seguida dijo la Santísima Virgen:

– Mira, hija mía, Mi Corazón rodeado de espinas, que los hombres ingratos a todos momentos me clavan, con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, me vienes a consolar y dí que todos aquellos que durante cinco meses, el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario con el fin de desagravarme, yo prometo asistirles, en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para la salvación de esas almas.»





APARICIÓN DEL NIÑO JESÚS 


Lugar: en el patio, en Pontevedra


Fecha: 15 de Febrero de 1926


«El día 15-2-1926, volviendo yo allí [para vaciar un cubo de basura en el patio], como es costumbre, encontré a un niño que me parecía ser el mismo [que ya encontrara una vez más antes allí] y le pregunté entonces:

– ¿Has pedido al Niño Jesús a la Madre del Cielo?

El niño se vuelva hacía mi y me dice:

– ¿Y tú has dispersado, por el mundo, aquello que la Madre del Cielo te pidió?

Y, en esto, se transforma en un Niño resplandeciente. Conociendo, entonces, que era Jesús, dije:

– ¡Jesús mío! Tú bien sabes lo que mi confesor me dijo en la carta que te leí. Decía que era precioso que aquella visión se repitiese, que hubiese hechos para que fuese creída, y la madre Superiora, sola, propagar este hecho, nada podía.

– Es verdad que la Madre Superiora sola, nada puede; pero, con mi gracias, puede todo. Y basta que tu Confesor te de licencia, y tu Superiora lo diga, para que sea creído, hasta sin saber a quién le fue revelado.

– Pero mi Confesor decía en la carta que esta devoción no hacía falta en el mundo, porque ya había muchas almas que te recibían, los primeros sábados, en honor de Nuestra Señora y de los 15 misterios del Rosario.

– Es verdad, hija mía, que muchas almas los comienzan, pero pocas los acaban; y las que los terminan, es con el fin de recibir las gracias que ahí están prometidas; y me agradan más las que hicieron los cinco con fervor y con el fin de desagraviar al Corazón de tu Madre del Cielo, que los que hagan los 15, tibios e indiferentes...




1926.10.02 | Lucía inicia el noviciado en Tui.


1927.12.17 | Lucía, en oración, escucha la voz de Jesús.

 


1929.06.13 | Lucía acoge la visión de la Santísima Trinidad, en Tui.


APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



Lugar: en la capilla, en Tui


Fecha: 13 de Junio de 1929


«La única luz era la de la lámpara. De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una Cruz de luz que llegaba hasta el techo.

Con una luz más clara se veía, en la parte superior de la Cruz, una cara de hombre con el cuerpo hasta la cintura, sobre el pecho una paloma también de luz, y pegado a la Cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco más abajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un cáliz y una Hostia grande, sobre la cual caían algunas gotas de sangre que corrían por los rostros del Crucificado y de una herida en el pecho.

Deslizándose por la Hostia, esas gotas caían dentro del Cáliz:

Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora («se trataba de Nuestra Señora de Fátima con su Inmaculado Corazón … en la mano izquierda, … sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas») con su Inmaculado Corazón en la mano...






 


1935.09.12 | Los restos mortales de Jacinta son trasladados para el cementerio de Fátima.

 


1935.12.25 | Lucía concluye su primera memoria.

 


1937.11.21 | Lucia concluye su segunda memoria.

 


1940.12.02 | Lucía escribe a Pío XII.

 


1941.08.31 | Lucía concluye su tercera memoria.

 


1941.12.08 | Lucía concluye su cuarta memoria.

 










1946.05.17 | Lucía es enviada para la comunidad Dorotea de Gaia.

 


1948.03.25 | Lucía ingresa en el Carmelo de Santa Teresa, en Coimbra.

 


1951.04.30 | Los restos mortales de Jacinta son trasladados para la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

 



1952.02.17 | Los restos mortales de Francisco son trasladados para la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.


Los restos mortales de Francisco son exhumados. Su identificación, dificultada por el hecho de que el mismo lugar habían acogido diversos cuerpos, se debe, en gran medida, a las 148 cuentas del rosario con el que fue sepultado, encontradas junto a su huesos y pronto reconocidas por el padre del vidente. El cuerpo es trasladado para la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima el 13 de marzo de ese año.


 


1952.04.30 |  D. José Alves Correia da Silva abre los Procesos Informativos Diocesanos sobre la fama de santidad y virtudes de Francisco y de Jacinta.

 



1967.05.13 | 1967.05.13 | Lucía se encuentra con Pablo VI, en Fátima.

 


1977.07.11 | Lucía recibe al cardenal Albino Luciani, en Coimbra.

 


1979.07.02 | El Proceso Informativo Diocesano sobre  Jacinta es clausurado.

 


1979.08.01 | El Proceso Informativo Diocesano sobre Francisco es clausurado.



 


1982.05.13 | Juan Pablo II peregrina, por primera vez, a Fátima.

 


1989.02.23 | Lucía concluyó su quinta memoria.

 


1989.05.13 | Juan Pablo II firma el decreto de heroicidad de las virtudes de Francisco y de Jacinta.

 


1991.05.13 | Juan Pablo II peregrina, por segunda vez, a Fátima.

 


1993.03.25 | Lucía concluyó su sexta memoria.

 


1999.06.28 | Juan Pablo II promulga el decreto sobre el milagro de la cura obtenida a través de la intercesión de Francisco y de Jacinta.

 







2000.05.13 | Juan Pablo II peregrina, por tercera vez, a Fátima y beatifica a los videntes Francisco y Jacinta.

 


SE DA A CONOCER LA TERCERA PARTE DEL SECRETO





2005.02.13 | Lucía muere en el Carmelo, en Coimbra.

 


2006.02.19 | Los restos mortales de Lucía son trasladados para la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

 


2008.02.13 | Benedicto XVI acoge la petición de derogación de los cinco años de espera para la apertura de la causa de beatificación de Lucía.

 


2008.04.30 | El Obispo de Coimbra da la apertura a la causa de beatificación de la Hermana Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado.

 


2017  CENTENARIO FÁTIMA PAPA FRANCISCO CANONIZA PASTORCITOS













miércoles, 2 de octubre de 2024

Vírgen del Rosario y de Fátima

 




Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario…


Su fiesta fue instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario.


La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.


 Historia del Rosario:

Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos.


Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marías. Los misioneros de Irlanda más tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron varios desarrollos con el tiempo.




Santo Domingo busca las ovejas perdidas :


La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Sto. Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.


Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.


También negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.


Domingo trabajó por años en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.



 La Virgen acude en ayuda de Santo Domingo de Guzmán:


La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.


Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito porque muchos albingenses volvieron a la fe católica.


Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.



 Las promesas de la Virgen a los que recen el rosario :


Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.


El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.









Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano de Rupe:


– 1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.


– 2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.


– 3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.


– 4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.


– 5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.


– 6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.


– 7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.


– 8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.


– 9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.


– 10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.


– 11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.


– 12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.


– 13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.


– 14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.


– 15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.



La Virgen del Rosario:

 ¡Vencedora de las batallas !


Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había solución para la amenaza del Islam. Los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!




 La batalla de Lepanto


En la época del Papa Pío V (1566 – 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario. Por fin en 1571 se estableció una liga para la defensa de Europa. El 7 de octubre de 1571se encontraron las flotas cristianas y musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria, entró en batalla contra un enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el santo rosario con devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.


En Roma, el Papa se hallaba recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa victoria para los cristianos. El poder de los turcos en el mar se había disuelto para siempre. El Papa salió de su capilla y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la victoria. Semanas mas tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién. desde un principio, le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de «Auxilio de los Cristianos». Más adelante, el Papa Gregorio III cambió la fiesta a la Nuestra Señora del Rosario.


Los turcos seguían siendo poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde el Este y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de Austria. Una vez mas, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban la ciudad toda Europa se hacia muy vulnerable. El emperador puso su esperanza en Nuestra Señora del Rosario. Hubo gran lucha y derramamiento de sangre y la ciudad parecía perdida. El alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de María, 12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, conduciendo un ejército de rescate, derrotó a los turcos.


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La batalla de Temesvar


El Príncipe Eugenio de Saboya derrotó en Temesvar (en la Rumania moderna) a un ejercito turco dos veces más grande que el suyo, el 5 de agosto de 1716, que en aquel entonces era la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves. El Papa Clemente XI atribuyó esta victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia universal.






FÁTIMA


Las apariciones de Fátima


En 1917 Europa estaba en guerra. Portugal era uno de los países beligerantes en el lado de los Aliados, y el descontento en la población era grande. Casi no había familia que no tuviera a algún hijo o sobrino batallando en las trincheras de un país lejano en una guerra que casi nadie comprendía.


Fátima es el nombre de una parroquia perteneciente al término municipal de Ourem, en el distrito de Santarem, a unos 120 kilómetros al norte de Lisboa. En Portugal la parroquia (o fegresia) no es sólo una demarcación eclesiástica, sino también civil. Generalmente los límites de las parroquias civiles coinciden con las parroquias eclesiásticas. En el término de la parroquia muchas veces la población se agrupa en varias localidades o pequeños caseríos de apenas unas decenas de habitantes. En uno de ellos, Aljustrel, a apenas dos kilómetros de la aldea de Fátima, vivían los hermanos Jacinta y Francisco Marto y su prima, Lucia dos Santos. Desde muy niños salían al campo con el rebaño de ovejas de la familia.


Era el 13 de mayo de 1917. Allí se les apareció la Virgen, y les pidió que volvieran a aquel lugar durante otros cinco meses hasta octubre los días trece. La Virgen se posó en una encina.










No era su primera visión de lo alto: desde la primavera de1916 se les apareció por tres veces un ser con figura humana. En la primera aparición les enseñó una oración de reparación y les dijo que era el ángel de la paz. En la segunda aparición les dijo quién era: se trataba del Ángel de Portugal. En la última les mostró un Cáliz una Sagrada Forma que se sostenían en el aire. Después de adorar al Señor con los niños y enseñarles una oración les dio la Comunión.

Los niños no comunicaron a nadie la visión del ángel salvo en sus conversaciones entre ellos -Francisco y Jacinta fueron capaces de guardar el secreto hasta su muerte-, pero la visión de Nuestra Señora era algo distinto: esa misma noche Jacinta la contó en su casa. Inmediatamente la noticia se difundió por Aljustrel y otros caseríos cercanos.


El 13 de junio ya se congregaron unas decenas de personas. Vieron señales milagrosas, aunque no vieron ni escucharon nada salvo las palabras que Lucia dirigía a la Virgen. El 13 de julio eran cientos de peregrinos, y la noticia se difundió por todo el distrito, hasta el punto de que las autoridades se alarmaron. Pocos años antes se había instaurado en Portugal una república de marcado corte laicista y había promulgado leyes restrictivas del culto católico. El alcalde de Ourem decidió cortar por lo sano esta explosión de devoción popular en un lugar prohibido para el culto (el campo) que llevaba a la gente a cometer el delito de rezar junto a una encina. El 13 de agosto, por lo tanto, detuvo a los niños y los mantuvo a buen recaudo todo el día. La gente se congregó en Cova de Iria, fueron testigos de las mismas señales de lo alto que se vieron los meses anteriores, pero los niños no estaban y nadie vio a la Virgen.


La Virgen sin embargo, volvió a visitarles el 19 de agosto, esta vez en Valinhos, un cruce de caminos a unos trescientos metros de Aljustrel al que a veces llevaban el rebaño.


En septiembre la Virgen se volvió a aparecer el día 13 ante miles de fieles. El 13 de octubre había quizá 70.000 personas reunidas en Cova de Iria. Todo Portugal para entonces había oído hablar de los sucesos de Fátima. Los grandes periódicos de Lisboa llevaron enviados especiales y fotógrafos a Cova de Iria. Todos ellos contemplaron el milagro que hizo la Virgen: al terminar la visión, el sol comenzó a danzar en el cielo de Cova de Iria, se volvía de varios colores, giraba sobre sí mismo y se desplazaba mientras que la gente lo miraba sin que les hiciera daño a los ojos.


El mensaje de Fátima


La Virgen les confió secretos del Cielo a los niños. En Fátima la Virgen pidió a la humanidad que se convirtiera de sus pecados. Predijo a los niños grandes guerras y sufrimientos si los hombres no se arrepienten, y de modo especial anunció que Rusia difundiría errores por muchas naciones provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia.








En la aparición de julio la Virgen les reveló un secreto. El secreto fue revelado por la vidente Lucia y por la Santa Sede en tres momentos, por lo que se habla de las tres partes del secreto de Fátima. La tercera parte del secreto de Fátima fue dada a conocer el año 2000. La primera de las partes es la visión del infierno; las otras dos son anuncios de futuro, como la predicción acerca de Rusia y el anuncio de la Segunda Guerra Mundial, así como la advertencia acerca de las futuras persecuciones. Pero es un mensaje de esperanza, por eso la Virgen concluye: “Pero finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará, Rusia será consagrada y se convertirá, y un tiempo de paz será dado al mundo”


Pero sobre todo el mensaje de Fátima es de oración. En la segunda aparición, Nuestra Señora le dice a los pastorcillos que Jesús quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Pide también en todas las apariciones que se rece el Rosario.


Pero el propósito de la Virgen no es la satisfacción de nuestra curiosidad, sino la gloria del Señor y la salvación de las almas. Éste es el mensaje perenne de Fátima, la oración y la conversión: las guerras pasan, los gobiernos de las naciones vienen y van, pero la necesidad de la conversión personal es permanente.







Fátima anunció actual padecimiento de la Iglesia



El recordado Papa Benedicto XVI afirmó que los «sufrimientos» actuales de la Iglesia, forman parte de lo que anunció el tercer secreto de Fátima.

El tercer secreto de Fátima, mensaje que la Virgen entregó a tres pastorcillos al aparecérseles el 13 de mayo de 1917 en la Cueva de Iria de aquella localidad portuguesa, suele interpretarse en los círculos católicos como algo referido a las persecuciones contra los cristianos.

«Además de la misión de sufrimiento del Papa, que en primera instancia se puede referir al atentado sufrido por Juan Pablo II (el 13 de mayo de 1981 en la plaza de san Pedro del Vaticano), en el mensaje de Fátima hay indicaciones sobre realidades del futuro de la Iglesia», dijo el Pontífice a bordo del avión que lo llevó a Portugal para cumplir una visita pastoral.







Según Benedicto XVI, en el mensaje «además de los momentos indicados en las visiones, se habla de la realidad de pasión de la Iglesia, se anuncian sufrimientos de la Iglesia».

«El Señor -agregó- dijo que la Iglesia sufrirá hasta el fin del mundo y esto hoy lo vemos de modo particular».









Para el Papa, es «realmente terrorífico» que la Iglesia «sufra hoy por ataques desde su interior, por el pecado que existe dentro de la misma Iglesia».





En relación a la intervención de la magistratura civil con los sacerdotes acusados de pedofilia, el Papa afirmó que «el perdón no sustituye a la justicia».


En Lisboa para cumplir su primera visita apostólica en Portugal, el Papa sostuvo que «el justo ordenamiento de la sociedad deriva de una acción sabia sobre la vida y el mundo».


La Iglesia está dispuesta a colaborar con quien no margina ni reduce a lo privado la esencial consideración del sentido humano de la vida».


«No se trata -agregó el Pontífice- de una confrontación ética entre un sistema laico y un sistema religioso, sino de una cuestión de sentido a la cual se confía la propia libertad. Lo que distingue es el valor atribuido a la problemática del sentido y su implicación en la vida pública».

Fue el Martes 11 de mayo de 2010,  antes de su viaje apostólico a Fátima, que el Papa Benedicto XVI, preciso el tema en cuestión, en una entrevista dada al Padre Lombardi: «En 2000, en la presentación, dije que una aparición, es decir, un impulso sobrenatural, que no proviene solamente de la imaginación de la persona, sino en realidad de la Virgen María, de lo sobrenatural, que un impulso de este tipo entra en un sujeto y se expresa en las posibilidades del sujeto. El sujeto está determinado por sus condiciones históricas, personales, temperamentales y, por tanto, traduce el gran impulso sobrenatural según sus posibilidades de ver, imaginar, expresar; pero en estas expresiones articuladas por el sujeto se esconde un contenido que va más allá, más profundo, y sólo en el curso de la historia podemos ver toda la hondura, que estaba, por decirlo así, «vestida» en esta visión posible a las personas concretas. De este modo, diría también aquí que, además de la gran visión del sufrimiento del Papa, que podemos referir al Papa Juan Pablo II en primera instancia, se indican realidades del futuro de la Iglesia, que se desarrollan y se muestran paulatinamente. Por eso, es verdad que además del momento indicado en la visión, se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian. El Señor nos ha dicho que la Iglesia tendría que sufrir siempre, de diversos modos, hasta el fin del mundo. Lo importante es que el mensaje, la respuesta de Fátima, no tiene que ver sustancialmente con devociones particulares, sino con la respuesta fundamental, es decir, la conversión permanente, la penitencia, la oración, y las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. De este modo, vemos aquí la respuesta verdadera y fundamental que la Iglesia debe dar, que nosotros —cada persona — debemos dar en esta situación. La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. También esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, por una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia. En una palabra, debemos volver a aprender estas cosas esenciales: la conversión, la oración, la penitencia y las virtudes teologales. De este modo, respondemos, somos realistas al esperar que el mal ataca siempre, ataca desde el interior y el exterior, pero también que las fuerzas del bien están presentes y que, al final, el Señor es más fuerte que el mal, y la Virgen para nosotros es la garantía visible y materna de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la historia”.










jueves, 12 de septiembre de 2024

Génesis 3, 4-5


 

Génesis 3, 4-5


"Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»"



La Misión de la Iglesia


849 El mandato misionero. «La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser "sacramento universal de salvación", por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres» (AG 1): "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20)


850 El origen la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor tiene su fuente última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: "La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre" (AG 2). El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor (cf  RM 23).


851 El motivo de la misión. Del amor de Dios por todos los hombres la Iglesia ha sacado en todo tiempo la obligación y la fuerza de su impulso misionero: "porque el amor de Cristo nos apremia..." (2 Co 5, 14; cf AA 6; RM 11). En efecto, "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 4). Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el camino de la salvación; pero la Iglesia a quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera.



La Secularización


En el viaje del Papa Francisco a Canada, Pontífice reflexionó sobre la verdadera alegría, que «no es una alegría fácil, esa que a menudo nos propone el mundo, ilusionándonos con fuegos artificiales; esta alegría no está ligada a riquezas y seguridades; tampoco está ligada a la persuasión de que en la vida nos irá siempre bien, sin cruces ni problemas».


El Papa Francisco señaló que «la alegría cristiana, está unida a una experiencia de paz que permanece en el corazón incluso cuando estamos rodeados de pruebas y aflicciones, porque sabemos que no estamos solos, sino acompañados de un Dios que no es indiferente a nuestra suerte».


En cuanto al problema de la secularización, Francisco dijo que «para nosotros cristianos, no debe ser la menor relevancia social de la Iglesia o la pérdida de riquezas materiales y privilegios; más bien, esta nos pide que reflexionemos sobre los cambios de la sociedad, que han influido en el modo en el que las personas piensan y organizan la vida. Si nos detenemos en este aspecto, nos damos cuenta de que no es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que anunciamos».


Desde el punto de vista fenomenológico, por secularización se entiende un proceso que caracteriza sobre todo a las sociedades occidentales y está marcado por el abandono de los esquemas religiosos y de los comportamientos de carácter sagrado. Históricamente, este proceso se relaciona con el de emancipación de la esfera política con respecto a la religiosa, y se ha considerado a sí mismo como restablecimiento de la razón y de lo que es razonable. Parecía que, separando los valores del cristianismo, privatizando la fe y considerando  la  moral autónoma de la religión, se pondrían las bases para construir una humanidad auténticamente libre y digna.


Pero la historia misma se ha encargado de desmentir estos "mesianismos sin mesías". Y a un precio muy elevado. La visión secularista, inmanente y cerrada a los valores trascendentes, ya no ha podido esconder su inhumanidad, precisamente porque la apertura a Dios constituye una dimensión fundamental del hombre. En efecto, con el tiempo la verdad ha sido sustituida por la ideología, o por el escepticismo y el nihilismo. Pero todo ello, a diferencia de la verdad, no nutre, sino que intoxica; no ilumina el intelecto, sino que lo despista; no alimenta la vida interior, sino que la mortifica y hasta la sofoca; no refuerza los valores, sino que los hace más inciertos, e incluso los vacía.


El Papa Benedicto XVI, refiriéndose a este cuadro, con ocasión del 50° aniversario de los Tratados de Roma, habló de "apostasía" de Europa de sí misma, antes que de Dios, y de la paradoja por la que Europa desea convertirse en una comunidad de valores, pero cada vez más a menudo rechaza que existan valores universales (cf. Discurso con ocasión del 50° aniversario de la firma de los Tratados de Roma, 24 de marzo de 2007:  L'Osservatore  Romano, edición en lengua española, 30 de marzo de 2007, p. 3).


Durante su reciente viaje a Brasil, en el discurso dirigido al Episcopado latinoamericano, Benedicto XVI recordó que "donde Dios está ausente —el Dios del rostro humano de Jesucristo— estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir -subraya el Papa- que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses" (Discurso, 13 de mayo de 2007:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de mayo de 2007, p. 10).





Génesis 11, 4-9


"Luego dijo: «Oye, construyamos una ciudad y una torre con un pico en el cielo, y seremos famosos, así que nos desperdiciaremos por toda la tierra.»

Vea Yahvé la ciudad y la torre que construyeron los hombres, y digo Yahveh: «Aquí cada uno es un pequeño pueblo con la misma lengua, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de lo que se proponga será imposible.

Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos tu lengua, para que no entiendas a cada uno de tu prójimo.»

Y desde entonces arrasaron a Yahveh por toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

Por eso la llamamos Babel; porque allí Yahveh enredó la lengua del mundo entero, y desde allí destruí a Yahveh por toda la tierra."






Ante esas dificultades y ese desconcierto, se abre camino la certeza de que es necesario romper el vínculo que, durante demasiado tiempo, ha unido la secularización a la aversión o, por lo menos, al desencanto con respecto a la religión. En otras palabras, existe la convicción de que hay que acabar con el postulado que hace coincidir de modo indiscutible el progreso con la ideología secularista, y la religión se acredita como reserva de sentido para la sociedad misma.


El Señor, que detesta la mundanidad, tiene una mirada buena sobre el mundo. Él bendice nuestra vida, dice bien de nosotros y de nuestra realidad, se encarna en las situaciones de la historia no para condenar, sino para hacer brotar la semilla del Reino precisamente ahí donde parecería que triunfan las tinieblas.


Dios, en efecto, no nos quiere esclavos sino hijos, no quiere decidir en nuestro lugar ni oprimirnos con un poder sagrado en un mundo gobernado por leyes religiosas. No, Él nos ha creado libres y nos pide que seamos personas adultas, personas responsables en la vida y en la sociedad. Otra cosa ―distinguía San Pablo VI― es el secularismo, una concepción de vida que separa totalmente del vínculo con el Creador, de modo que se vuelve «superfluo y hasta un obstáculo» y se generan «nuevas formas de ateísmo» sutiles y variadas: «una civilización del consumo, el hedonismo erigido en valor supremo, una voluntad de poder y de dominio, de discriminaciones de todo género» (iibíd.). A nosotros como Iglesia, sobre todo como pastores del Pueblo de Dios, como pastores, como consagradas, como consagrados, diáconos, seminaristas, como agentes de pastoral, a todos nosotros nos toca saber hacer estas distinciones, discernir. Si cedemos a la mirada negativa y juzgamos de modo superficial, corremos el riesgo de transmitir un mensaje equivocado, como si detrás de la crítica sobre la secularización estuviera, por parte nuestra, la nostalgia de un mundo sacralizado, de una sociedad de otros tiempos en la que la Iglesia y sus ministros tenían más poder y relevancia social. Y esta es una perspectiva equivocada.


El problema de la secularización, para nosotros cristianos, no debe ser la menor relevancia social de la Iglesia o la pérdida de riquezas materiales y privilegios; más bien, esta nos pide que reflexionemos sobre los cambios de la sociedad, que han influido en el modo en el que las personas piensan y organizan la vida. Si nos detenemos en este aspecto, nos damos cuenta de que no es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que anunciamos. Por eso, la secularización es un desafío a nuestra imaginación pastoral, es «la oportunidad para recomponer la vida espiritual en nuevas formas y también para nuevas maneras de existir» (C. Taylor, A Secular Age, Cambridge 2007, 437). De este modo, mientras la mirada que discierne nos hace ver las dificultades que tenemos en transmitir la alegría de la fe, a la vez nos estimula a volver a encontrar una nueva pasión por la evangelización, a buscar nuevos lenguajes, a cambiar algunas prioridades pastorales e ir a lo esencial.








Compendio 898: La vocación de los laicos


"Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios [...] A ellos de manera especial corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor" (LG 31).

De entrada se nos ha dado en este texto la clave, la esencia de cuál es la vocación del laico en el mundo, que podríamos resumirlo en una palabra: "Cristificar el mundo", llevar Cristo a todos los lugares, que no haya ninguna realidad temporal que no este Cristificada.

El gran peligro que tendríamos, si no existiese la vocación laical, sería la oposición entre lo sagrado y lo mundano; donde lo sagrado son los signos que la jerarquía hace durante la celebración de los sacramentos, lo religioso, lo santo, todo aquello que está ligado al culto; y todo el resto sería como lo "mundano": "lo que no es de Cristo". Esa oposición no es correcta: todo es de Cristo; no solo es de Cristo lo "sagrado": todo el mundo es de Cristo.

La Meta de la Iglesia es que todo este hecho para gloria de Dios; las realidades temporales estén ordenadas según Dios. Lo propio de la vocación laical es que se viva la vocación que sea, según Dios: el trabajo, la medicina…, todo se realice de una manera vocación haciendo presente a Cristo en ella.

¿Qué se entiende por vida espiritual? La vida espiritual no es una vida distinta a la vida "mundanal", es la misma vida del mundo pero vivida en el Espíritu de Cristo. En caso contrario tenemos el peligro de vivir en un dualismo entre lo mundano y lo religioso. Es verdad que el termino mundano aparece a veces en el sentido de "pecaminoso", contrario a los caminos de Cristo: "Vosotros no sois de este mundo, pero estáis en el mundo". Pero ahora nos referimos a la palabra "mundo" a todo lo creado por Dios. Todo lo temporal, todo lo material: "Y dijo Dios: hágase…., y vio Dios que era bueno".

En ese sentido estamos llamados a clasificar todo el mundo, y la vida espiritual no es una vida ajena a la vida del mundo.

Para el Señor "el mundo es su trono". Cristo no solo esta entronizado en el cielo.

El Señor quiere que la liturgia eucarística la vivamos con intensidad y según las normas litúrgicas, también quiere que en la familia se viva santamente, que en el trabajos se haga con dignidad y con vocación de "perfección cristiana"; y que la enseñanza este bien realizada, y hasta el trabajo más humilde este cristificado. 



En este "secularismo" ( este "ismo" quiere indicar un matiz negativo) en el que vivimos, a veces se pretende encerrar a Cristo, a lo religioso, en la sacristía,; como si fuera de los muros de la Iglesia no existiera la vida religiosa. Pues no es cierto: Todo está llamado a ser Cristificado; el trono de Cristo es el mundo: CRISTO ES REY DE ESTE MUNDO.


-LUMEN GENTIUM, 31




También en LUMEN GENTIUM 

19. El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a sí a los que El quiso, eligió a doce para que viviesen con El y para enviarlos a predicar el reino de Dios (cf. Mc 3,13-19; Mt 10,1-42); a estos Apóstoles (cf. Lc 6,13) los instituyó a modo de colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos (cf. Jn 21,15-17). Los envió primeramente a los hijos de Israel, y después a todas las gentes (cf. Rm 1,16), para que, participando de su potestad, hiciesen discípulos de El a todos los pueblos y los santificasen y gobernasen (cf. Mt 28,16-20; Mc 16, 15; Le 24,45-48; Jn 20,21-23), y así propagasen la Iglesia y la apacentasen, sirviéndola, bajo la dirección del Señor, todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt 28,20). En esta misión fueron confirmados plenamente el día de Pentecostés (cf. Hch 2,1-36), según la promesa del Señor: «Recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos así en Jerusalén como en toda la Judea y Samaría y hasta el último confín de la tierra» (Hch 1,8). Los Apóstoles, pues, predicando en todas partes el Evangelio (cf. Mc 16,20), recibido por los oyentes bajo la acción del Espíritu Santo, congregan la Iglesia universal que el Señor fundó en los Apóstoles y edificó sobre el bienaventurado Pedro, su cabeza, siendo el propio Cristo Jesús la piedra angular (cf. Ap 21, 14; Mt 16, 18; Ef 2, 20) [39].


20. Esta divina misión confiada por Cristo a los Apóstoles ha de durar hasta él fin del mundo (cf. Mt 28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben propagar es en todo tiempo el principio de toda la vida para la Iglesia. Por esto los Apóstoles cuidaron de establecer sucesores en esta sociedad jerárquicamente organizada.


En efecto, no sólo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio[40], sino que, a fin de que la misión a ellos confiada se continuase después de su muerte, dejaron a modo de testamento a sus colaboradores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra comenzada por ellos [41], encomendándoles que atendieran a toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo los había puesto para apacentar la Iglesia de Dios (cf. Hch 20,28). Y así establecieron tales colaboradores y les dieron además la orden de que, al morir ellos, otros varones probados se hicieran cargo de su ministerio [42]. Entre los varios ministerios que desde los primeros tiempos se vienen ejerciendo en la Iglesia, según el testimonio de la Tradición, ocupa el primer lugar el oficio de aquellos que, ordenados Obispos por una sucesión que se remonta a los mismos orígenes [43], conservan la semilla apostólica [44]. Así, como atestigua San Ireneo, por medio de aquellos que fueron instituidos por los Apóstoles Obispos y sucesores suyos hasta nosotros, se manifiesta [45] y se conserva la tradición apostólica en todo el mundo [46].


Los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presbíteros y diáconos [47], presidiendo en nombre de Dios la grey [48], de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno [49]. Y así como permanece el oficio que Dios concedió personalmente a Pedro; príncipe de los Apóstoles, para que fuera transmitido a sus sucesores, así también perdura el oficio de los Apóstoles de apacentar la Iglesia, que debe ejercer de forma permanente el orden sagrado de los Obispos [50]. Por ello, este sagrado Sínodo enseña que los Obispos han sucedido [51], por institución divina, a los Apóstoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envió (cf. Lc 10,16).





-Lo sagrado  


Jesucristo es sagrado, y lo es por su humanidad. Sólo en él coinciden totalmente el Santo y lo sagrado. Y en Cristo, en su Cuerpo, que es la Iglesia, son sagradas aquellas criaturas -personas, cosas, lugares, tiempos- que, en modo manifiesto a los creyentes, han sido elegidas por el Santo para obrar especialmente por ellas la santificación.


Según esto, santo y sagrado son distintos (hágios y hierós). Un ministro sagrado, por ejemplo, si es pecador, no es santo, pero sigue siendo sagrado, y puede realizar con eficacia y validez ciertas funciones sagradas que le son propias. Tampoco se confunden profano y pecaminoso: las cosas son profanas, simplemente, en la medida en que no son sagradas. En fin, el cosmos no es sagrado para los cristianos, a no ser en un sentido sumamente amplio e impropio.


-Viene de iniciativa divina.


Avancemos otro paso. Lo sagrado cristiano surge por iniciativa divina, porque Dios quiere elegir unas criaturas para santificar por ellas a otras. El podría haber santificado a los hombres sin mediaciones creaturales, pero, sólo por bondad y por amor, quiso asociar de manera especial en la Iglesia ciertas criaturas a su causalidad santificadora. En una decisión completamente libre, quiso el Señor elegir-llamar-consagrar-enviar a algunas criaturas (sacerdotes, agua, aceite, pan, vino, libros, ritos, lugares, días y tiempos), comunicándoles una objetiva virtualidad santificante, y haciendo de ellas lugares de gracia, espacios y momentos privilegiados para el encuentro con El.


-En modos visibles y sensibles.


Es la economía sacramental de lo sagrado: signo visible de acciones invisibles de la gracia. Surge lo sagrado de que quiso Dios comunicarse a los hombres de modo manifiesto y sensible -patente, se entiende, para los creyentes-. Así Dios se acomoda al hombre. En este sentido, el fundamento de lo sagrado está en el carácter mediato de nuestra experiencia de Dios. Como bien señala Audet, lugares, ritos, templos, «todo esto no existiría si, en lugar de una experiencia mediata de lo divino, pudiéramos tener desde ahora una experiencia inmediata» (Le sacré 37). Por eso sabemos que toda estructura sacral se desvanece en el cielo, cuando «Dios sea todo en todas las cosas» (1 Cor 15,28; +Ap 21-22). Es ahora, en el tiempo, cuando Dios concede al hombre la ayuda de lo sagrado.



Observemos también que lo sagrado eleva las criaturas a una nueva dignidad, sobre la que ya tenían por su misma naturaleza, mientras que, por el contrario, la desacralización las rebaja en un movimiento descendente. La eucaristía, por ejemplo, se celebra en hermosas modalidades sagradas, y la comida familiar es elevada por la oración de acción de gracias (ascenso). O por el contrario, la eucaristía se celebra como una comida ordinaria, y los laicos comen igual que si fueran paganos, sin acción de gracias (descenso). La dignidad del hombre y de la naturaleza se ve conservada y elevada por lo sagrado, mientras que la desacralización rebaja y degrada el mismo orden natural. Esto es de experiencia universal, no sólo en el mundo cristiano.


-El sagrado-cristiano es de unión,


no de separación.


Por último, señalemos que la sacralidad cristiana es de unión, no es tabú, no es de separación. Por eso la distinción de las personas y cosas sagradas mediante ciertos signos sensibles, lejos de estar destinada a causar separación, es para una mayor unión. En efecto, el pan eucarístico no lo toca cualquiera, por supuesto, pero está hecho precisamente para que lo coman los cristianos. El templo es sagrado, pero justamente por eso está abierto a todos, a diferencia de las casas privadas. Un sacerdote, por ser ministro sagrado, puede ser abordado por cualquiera, mientras que un laico no tiene por qué ser tan asequible a todos. Las sacralidades cristianas no son de separación, sino de unión.








Espiritualidad de lo sagrado


El amor a lo sagrado en la Iglesia pertenece a la esencia de la espiritualidad católica. El cristiano no ignora ni menosprecia el orden sacral dispuesto por el Señor con tanto amor, sino que se adentra en él gozosamente, sin confundir nunca lo sagrado y el Santo, sin temor a falsas ilusiones, pues la Iglesia ya se cuida bien de que las sacralidades cristianas no caigan en idolatría, superstición, tabú o magia. El cristiano genuino es practicante, por supuesto: busca asiduamente al Santo en las cosas sagradas de la Iglesia: en la Escritura, en el templo, en los ministros sagrados, en los sacramentos, en la asamblea de los fieles, en el Magisterio, en el domingo y el Año litúrgico, y también en los sacramentales (SC 7, 47-48, 59-60, etc.). El cristiano, en fin, busca al Santo -no exclusivamente, pero sí principalmente- en lo sagrado, allí donde él ha querido manifestarse y comunicarse con especial intensidad, certeza y significación sensible. Este es un rasgo constitutivo de la espiritualidad católica.


El que es pelagiano, o al menos voluntarista, no aprecia debidamente lo sagrado. Y es que no busca su santificación en la gracia de Dios, sino más bien en su propia esfuerzo personal. No busca tanto ser santificado por Cristo, como santificarse él mismo según sus fuerzas, sus modos y maneras. No entiende la gratuidad de lo sagrado. No comprende que la santificación es ante todo don de Dios, que él confiere a los creyentes sobre todo a través de los signos sagrados que él mismo ha establecido. No cree en la especial virtualidad santificante de lo sagrado: «¿Por qué rezar la Liturgia de las Horas, y no una oración más de mi gusto? ¿Qué más da ir a misa el domingo o un día de labor? ¿Qué interés hay en tratar con los sacerdotes? ¿Qué tiene el templo que no tenga otro lugar cualquiera?»... El sólo confía en su propia mente y voluntad para santificarse: para él sólo cuenta lo que le da más devoción a su sensibilidad, lo que su mente capta mejor, lo que más se acomoda a su modo de ser. El orden de sacralidades dispuesto por Dios es para él insignificante. Por eso o se aleja de lo sagrado o lo usa arbitrariamente, sólo si coincide con su inclinación, o si puede adaptarlo a sus gustos y criterios.


Por el contrario, los santos han mostrado siempre un amor humilde y conmovedor a lo sagrado. Recordemos, por ejemplo, el amor de San Francisco de Asís por las iglesias, las campanas, los objetos de culto, los sacerdotes, todo lo relacionado con la sagrada eucaristia o con la Escritura (Ctas. a toda la Orden; Iª a los custodios). El, que reparó varios templos, confiesa en su Testamento: «El Señor me dio una fe tal en las iglesias, que oraba y decia así sencillamente: Te adoramos, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo».




Informe sobre la fe



El mundo admite a los cristianos sólamente en la medida en que éstos dejan de serlo, es decir, cuando pierden su fe en Cristo. Entonces es cuando les acoge, y les da lugar, voz y posibilidad de acción. Como decía San Juan, «ellos son del mundo, y por eso hablan el lenguaje del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios» (1Jn 4,5-6).


Según esto, la apostasía significa normalmente una asimilación del mundo presente. Pero, atención a esto, en los pueblos descristianizados la apostasía se produce frecuentemente también por asimilación de un cristianismo falsificado. El mundo, como digo, acoge sin problema alguno a los falsos cristianos, reconociéndolos como suyos, y hasta llega a promocionarlos.


Pues bien, en este segundo sentido, sobre todo, el Cardenal Ratzinger, en su Informe sobre la fe (1984), nos da una visión autorizada de la situación del Occidente descristianizado.


-Malas teologías. «Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que tiene poco que ver con las bases de la tradición común... con grave daño para el desconcertado pueblo de Dios... En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador» (79-80). Esta abundancia de errores y de falsificaciones de la fe repercute inevitablemente en la catequesis. Se hace necesario reconocer que «algunos catecismos y muchos catequistas ya no enseñan la fe católica en la armonía de su conjunto, sino algunos aspectos del cristianismo que se consideran «más cercanos a la sensibilidad contemporánea» (80).


-Ruptura con la tradición eclesial, y mundanización del cristianismo. «Después del Concilio se produjo una situación teológica nueva:


«a) se formó la opinión de que la tradición teológica existente hasta entonces no resultaba ya aceptable y que, por tanto, era necesario buscar, a partir de la Escritura y de los signos de los tiempos, orientaciones teológicas y espirituales totalmente nuevas;


«b) la idea de apertura al mundo y de comprometerse con el mundo se transformó frecuentemente en una fe ingenua en las ciencias; una fe que acogió las ciencias humanas como un nuevo evangelio, sin querer reconocer sus limitaciones y sus propios problemas. La psicología, la sociología y la interpretación marxista de la historia fueron consideradas como científicamente garantizadas, y, por tanto, como instancias indiscutibles del pensamiento cristiano;


«c) la crítica de la tradición por parte de la exégesis evangélica moderna, especialmente de Rudolf Bultmann y de su escuela, se convirtió en una instancia teológica inconmovible, que obstruyó el camino a las formas hasta entonces válidas de la teología, alentando de este modo otras nuevas construcciones» (196).


-Proliferación de herejías. De lo anterior se sigue necesariamente un «confuso período en el que todo tipo de desviación herética parece agolparse a la puertas de la auténtica fe católica» (114). Se pueden señalar, por ejemplo, la negación práctica del pecado original y de sus consecuencias (87-89, 160-161), el humanismo arriano sobre Cristo (85), el eclipse de la teología de la Virgen (113), la deformación del misterio de la Iglesia (53-54, 60-61), la negación del demonio (149-158), la devaluación de la redención (89), etc.


Y sin embargo, las herejías «no las encontramos hoy día casi nunca de una forma clara. Y no porque no existan, sino porque no quieren aparecer como tales... A diario admiro la habilidad de los teólogos que logran sostener exactamente lo contrario de lo que con toda claridad está escrito en claros documentos del Magisterio» (31). El libre-pensamiento, tan entrañado en el protestantismo como en el liberalismo, lleva a los cristianos al relativismo o si se quiere a un cierto modo de agnosticismo. Y así, «en medio de un mundo donde, en el fondo, el escepticismo ha contagiado también a muchos creyentes, es un verdadero escándalo la convicción de la Iglesia de que hay una Verdad con mayúscula y que esta Verdad es reconocible, expresable y, dentro de ciertos límites, definible también con precisión» (28).


-Nuevas morales. A juicio del cardenal Ratzinger, «el liberalismo económico encuentra, en el plano moral, su exacta correspondencia en el permisivismo. En consecuencia, se hace difícil, cuando no imposible, presentar la moral de la Iglesia como razonable; se halla ésta demasiado distante de lo que consideran obvio y normal la mayoría de las personas, condicionadas por una cultura hegemónica, a la cual han acabado por amoldarse, como autorizados valedores, incluso no pocos moralistas «católicos»» (91-92).


En efecto, «la mentalidad hoy dominante ataca los fundamentos mismos de la moral de la Iglesia que, si se mantiene fiel a sí misma, corre el peligro de aparecer como un anacronismo, como un embarazoso cuerpo extraño. Así, muchos moralistas occidentales, con la intención de ser todavía creíbles, se creen en la obligación de tener que escoger entre la disconformidad con la sociedad y la disconformidad con la Iglesia... Pero este divorcio creciente entre Magisterio y nuevas teologías morales provoca lastimosas consecuencias» (94-95), por ejemplo, en la moral de la sexualidad (95-96).


Por lo que a la moral social se refiere, enseñan en contra de la doctrina social de la Iglesia «aquellos teólogos [de la liberación] que de alguna manera han hecho propia la opción fundamental marxista» (193). «Decepciona dolorosamente que prenda en sacerdotes y en teólogos esta ilusión tan poco cristiana de poder crear un hombre y un mundo nuevos, no ya mediante una llamada a la conversión personal, sino actuando sólamente sobre las estructuras sociales y económicas» (211).


-La debilitación de las misiones. Habiendo «disminuído el carácter esencial del bautismo, se ha llegado a poner un énfasis excesivo en los valores de las religiones no cristianas, que algún teólogo llega a presentar no como vías extraordinarias de salvación, sino incluso como caminos ordinarios... Tales hipótesis obviamente han frenado en muchos la tensión misionera» (220; +152-154). La exaltación, en efecto, de ciertas religiosidades no cristianas, hace imposible dirigirles la Palabra apostólica en toda su fuerza: «Vosotros estábais muertos en vuestros pecados, viviendo según el mundo, sujetos al demonio y a las inclinaciones del hombre carnal. Pero el amor misericordioso de Dios os dio vida por Cristo -por gracia habéis sido salvados-» (resumen de Ef 2,1-5). Esta visión del Apóstol, para los amatores mundi, que incluyen en su enamoramiento del mundo una valoración exaltada de las religiones no cristianas, o de algunas de ellas, resulta escandalosa e inadmisible.


Así las cosas, «los cristianos son de nuevo minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad» (35). O lo que es lo mismo: el ateísmo o el agnosticismo, el esoterismo, las sectas y las religiones no cristianas, están creciendo en el mundo durante estos decenios mucho más que el cristianismo.


La descristianización de los países ricos, escándalo de los países pobres


La apostasía por mundanización se ha producido ante todo en países ricos de muy antigua filiación cristiana. En efecto, la mayor parte de las herejías o desviaciones de la fe católica han nacido en el Occidente. Y así, de las mismas regiones desde donde antiguamente, y hasta hace poco, se irradiaba al mundo fe y costumbres cristianas, hace ya decenios que más bien se van difundiendo hacia toda la humanidad la duda, el nihilismo y la degradación moral.


Antes de recibir el Evangelio, los hombres adámicos tienden a admirar y a imitar a los ricos -aunque los odien-, pues la riqueza, la fuerza y el poder que en éstos ven, expresa justamente la posición ideal que ellos desean. Y eso explica que todos los vicios de Occidente -la soberbia, la avaricia materialista, la lujuria, la irreligiosidad y todos los demás- causen estragos de fascinación e imitación en los pueblos subdesarrollados.







Un mundo sin Dios se vuelve contr el hombre




Reino de Cristo


Sin ningún complejo de inferioridad respecto del mundo, los cristianos, aunque se vean como ciudadanos marginados, fuera de la ley, siempre amenazados de muerte, confiscación o cárcel y, a los ojos humanos, sin ningún horizonte histórico, gente que no tiene salida, saben que en Cristo son reyes. Saben que Cristo venció al mundo en la cruz, y que fue allí precisamente donde mostró ser Rey del universo, atrayendo a todos hacia sí. Del mismo modo, los cristianos mártires saben que por sus combates victoriosos se manifiesta y se extiende el Reino de Cristo, inaugurado ya para siempre en el Calvario.


En este sentido, es significativo que en el final de las Passiones de los mártires se halla a veces una afirmación solemne del reinado universal de Cristo: «Padecieron los beatísimos mártires Luciano y Marciano siete días antes de las calendas de noviembre, bajo el emperador Decio y el procónsul Sabino, reinando nuestro Señor Jesucristo, a quien sea honor y gloria, virtud y poder, por los siglos de los siglos. Amén».







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